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Asúmelo: Si los proyectos actuales de Facebook siguen por buen camino, es bastante probable que un día cualquiera de dentro de unos años, tú, como usuario de la plataforma de Mark Zuckerberg, te encuentres enfundado en unos guantes y un casco ciberpunkófilos, sumergido en la escena de alguna de las fotos de las últimas vacaciones de uno de tus amigos, y esquivando a diestro (y siniestro) banners publicitarios relacionados con tu historial reciente de navegación. En un determinado momento de tu exploración, un pequeño icono tridimensional te recordará que ese mismo día tu pareja está de cumpleaños y todavía no le has comprado nada. Entonces tú, sin alterarte demasiado, pulsarás uno de los banners con tus manos virtuales y, sin salir de las fronteras de Facebook, pagarás directamente por la compra de un viaje exactamente idéntico al que tu amigo habrá realizado unos días antes.

Facebook: La red social ( ¿y financiera?)

La gran novedad semanal de Facebook pasa estos días por su inminente entrada en el sector de los medios de pago, una vez las autoridades irlandesas le concedan el permiso que ha solicitado a tal efecto en ese país. Una vez cumplido este trámite con el Banco de Irlanda (donde Facebook mantiene su sede europea), la red social más popular podría comenzar a gestionar servicios financieros de manera digital, lo que implicaría que, entre otras opciones, sus usuarios podrían realizar transferencias de dinero entre ellos.

Aunque todavía no está claro el alcance de este nuevo movimiento de Facebook (no ha sido publicado si la medida afectará sólo a Europa o a todo el mundo), lo cierto es que abre de par en par un nuevo mundo de posibilidades de crecimiento a una red social a la que algunas voces ya estaban comenzando a acusar de estar a punto de entrar en su declive.

Ventajas para usuarios y empresa

Es indudable que en este nuevo escenario, los usuarios de Facebook podrían beneficiarse de hacer (y recibir) transferencias de forma sencilla entre millones de usuarios, sin necesidad siquiera de tener que jugar con incómodos y farrragosos números de cuentas, IBANs y códigos SWIFTs, además de ver incrementadas las facilidades para poder comprar todo tipo de contenidos y aplicaciones.

Por otra parte, la red social accedería a un auténtico maná de valiosísima información acerca de hábitos de compra, nivel de gasto, etc… de sus usuarios, lo que le permitiría llevar el conocimiento de sus perfiles a un nuevo nivel y conseguir mayores (y más beneficiosos) aprovechamientos publicitarios.

Finalmente, por supuesto, está la posibilidad de que Facebook cobre una cantidad por estos movimientos de dinero. De ser así, es innegable que por muy pequeña que fuese esa comisión, los beneficios para Mark Zuckerberg y su gente serían astronómicos.  En todo caso, esta es la posibilidad más discutible, teniendo en cuenta la cada vez mayor tendencia de las entidades financieras a ofrecer transferencias de dinero gratuitas.

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