En los últimos años ha emergido un movimiento en redes sociales protagonizado por mujeres que abrazan y promueven roles de género tradicionales. Conocidas como ‘tradwives‘ (abreviatura de ‘traditional wives’ o esposas tradicionales), estas influencers defienden un estilo de vida centrado en el hogar, la crianza de los hijos y dedicación al esposo, lo que sin duda evoca modelos familiares de décadas pasadas.
Tal como se ha definido, las tradwives utilizan plataformas como TikTok, Instagram y YouTube para compartir contenido que exalta las labores domésticas, la cocina casera y consejos sobre cómo ser una “buena esposa”. Una de las figuras más destacadas es Rocío Bueno, conocida como Roro, quien ha acumulado más de 6,9 millones de seguidores en TikTok.
Roro se ha hecho famosa, entre otras cosas, por sus detallados vídeos de cocina, donde prepara elaborados platillos para su pareja, Pablo. Sus contenidos han generado tanto admiración como críticas, especialmente por parte de sectores feministas que consideran que refuerza estereotipos de género retrógrados.
@roro.buenoDadme ideas de qué puedo hacer con ella plis🙏🤍♬ Just Give Me One More Day – Alej
Otra influencer notable es Alexia Delarosa, una madre de San Diego que ha ganado más de un millón de seguidores compartiendo vídeos de tareas domésticas extremas, como hacer papel desde cero o cosechar miel. Aunque su estilo es a menudo humorístico y exagerado, Delarosa insiste en que sus videos reflejan aspectos genuinos de su vida, presentando una versión moderna de las tareas del hogar tradicionales.
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Además, Alena Kate Pettitt, una británica que se autodenomina ‘tradwife’, utiliza su plataforma para promover el retorno a los valores familiares tradicionales y la feminidad clásica, compartiendo consejos sobre etiqueta, cocina y cómo mantener un hogar armonioso.
Otras influencers destacadas en el movimiento son:
El concepto de tradwife surgió en foros antifeministas como The Red Pill hace aproximadamente seis años en Reddit. Lo que comenzó como una reacción conservadora ante el auge del feminismo, evolucionó en una tendencia viral cuando algunas creadoras trasladaron estos valores a redes sociales, creando un contenido visualmente atractivo, con una fuerte carga estética inspirada en las amas de casa de la posguerra.
TikTok ha sido clave para la expansión del fenómeno. Al ser una plataforma basada en la viralidad y la recomendación algorítmica, los vídeos de tradwives captan alto nivel de interacción, generando likes, comentarios polarizados y amplificación orgánica. Esto las ha colocado frecuentemente en contenido principal, alimentando debates y normalizando discursos que hasta hace poco eran considerados marginales.
El algoritmo favorece estos contenidos no por una postura editorial, sino porque el conflicto genera clics y participación, convirtiendo a las tradwives en un caso emblemático de cómo las redes sociales amplifican tendencias polarizadoras, que refuerzan burbujas ideológicas y crean percepciones distorsionadas de la realidad.
Por supuesto que el fenómeno de las tradwives genera posturas radicalmente opuestas:
Además, varios estudios y artículos han señalado que las tradwives representan solo una parte muy específica de la realidad femenina: mujeres blancas, casadas, muchas veces de clase media o alta y en su mayoría de creencias religiosas conservadoras, dejando fuera realidades como las de las mujeres racializadas o de bajos recursos, para quienes trabajar fuera del hogar no es una elección, sino una necesidad.
Curiosamente, muchas tradwives afirman no trabajar fuera del hogar, pero dedican buena parte de su tiempo a crear, editar y publicar contenido, monetizando su rol tradicional y convirtiéndolo en un negocio digital. En este sentido, son influencers digitales que operan dentro de la economía de creadores, lo que las convierte en emprendedoras digitales, aunque su discurso lo niegue.
El contenido de las tradwives no es solo ideológico, es altamente estético: vestidos vintage, cocinas impecables, decoraciones rústicas y maquillaje perfecto forman parte de su identidad visual. Este enfoque visual conecta directamente con las dinámicas de plataformas como Instagram y TikTok, donde la imagen vende tanto como el mensaje.
Así, mientras algunas mujeres encuentran empoderamiento en este estilo de vida, es crucial mantener un diálogo abierto sobre cómo estas elecciones personales pueden influir en la percepción y los derechos de las mujeres en general.
Imagen: Flux Schnell
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