Este lunes 8 de octubre, Forbes lanzó su famosa lista anual de las 65 mejores influencers en España. En teoría, esta lista recoge a una gran diversidad de creadoras que se caracterizan por su capacidad de generar contenido y comunidad a su alrededor. Pero si echas un vistazo rápido a las seleccionadas verás que de esas 65, solo 4 pertenecen a categorías divulgativas. El resto se dedican mayormente a promover productos y estilos de vida aspiracionales, inalcanzables más bien.
La pregunta que me surge es inevitable: ¿dónde queda el impacto de su actividad en la sociedad? Según la lógica de esta lista, es más importante tener millones de seguidores y vender el último producto de belleza, que educar, inspirar o contribuir al pensamiento crítico. Seamos honestos, muchas de las mujeres incluidas en esta lista representan vidas inaccesibles y promueven valores basados en el consumo y apariencia, dejando de lado causas como la cultura, el antirracismo o el feminismo.
En resumen, el contenido que generan no es más que un espejismo que refuerza las expectativas irreales que tan a menudo critican las propias redes sociales.
Este enfoque casi exclusivo en las “lifestyle influencers” refleja una tendencia en las nuevas generaciones. Ojo, no se trata de demonizar a estas mujeres: muchas de ellas son talentosas y han sabido monetizar su influencia con éxito. El problema radica en que deberíamos también hablar de aquellos influencers que verdaderamente promueven cambios sociales, cuestionan normas establecidas o contribuyen al desarrollo cultural. Y parece ser que estas voces son minoría.
La lista no incluye divulgadoras de cultura, de movimientos antirracistas ni de feminismo, temáticas que hoy son más importantes que nunca para construir una sociedad más justa e igualitaria. Mujeres que usan su plataforma para educar y desafiar los estereotipos, que ofrecen un discurso alternativo.
Quizás ha llegado el momento de replantearnos qué entendemos por influencia. Porque, si el impacto está vinculado solo al consumo y la promoción de estilos de vida que son inalcanzables para la mayoría, entonces estamos fallando en lo que debería ser la verdadera definición de influencia: cambiar vidas, inspirar a las personas a ser mejores, y no solo a verse mejor.
La exclusión de perfiles más diversos y auténticos no solo limita la visión de lo que significa el “éxito” en redes sociales, sino que también perpetúa una cultura de consumo que solo promueve el vacío. Es hora de que listas como la de Forbes valoren y celebren a las mujeres que promueven una vida alcanzable, sencilla y comprometida con valores que realmente generan un impacto positivo en el mundo.
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