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Seguramente recuerdes a Adam Neumann, aquel empresario que logró crear una burbuja fabulosa con su empresa de alquiler de espacios de trabajo y coworking WeWork, que tras llegar a estar valorada en 47.000 millones de dólares cayó en desgracia.

Pues, ahora este hombre vuelve a entrar en la escena de la economía norteamericana por un motivo poco feliz: luego de tres años de problemas financieros, WeWork se declaró finalmente en bancarrota llevando a cuestas una deuda que -no queda claro- puede ser de entre 10.000 y 50.000 millones de dólares (entre 9.373 y 46.865 millones de euros).

Lejos de la jubilación, en el medio de la tormenta Neumann se embarcó en una nueva aventura comercial con Flow, una empresa inmobiliaria que comenzaría a funcionar este mismo año, y que recibió una inversión anticipada de 350 millones de dólares (aproximadamente 352 millones de euros) por parte del capital de Andreessen Horowitz. El valor estimado de la (no) empresa se fijó en unos 1.000 millones de dólares, aunque con esta última bomba de WeWork el proyecto de Flow ha quedado en la nebulosa.

¿Quién es Adam Newmann? ¿Qué pasó con WeWork? ¿Cómo logró vender un proyecto como Flow y conseguir financiamiento en medio del caos? Te lo respondemos en este artículo.

Los inicios de Adam Neumann: en busca del sueño americano

Empecemos por el principio. Adam Neumann nació en Tel Aviv en 1979 y a la corta de edad de 22 años decidió mudarse a Nueva York, en busca de oportunidades de conseguir un buen trabajo y ser alguien en la vida.

Poco antes de terminar la universidad se retiró para dedicarse completamente al mundo empresarial, comenzando con algunos proyectos pequeños con poco éxito, como el caso de unos zapatos de tacón plegable y ropa de bebé con rodilleras incorporadas de nombre Krawler, que después terminó por convertirse en un éxito llamado Egg Baby.

En estos años conoció a Miguel McKelvey, con el cual se le ocurrió la idea de un negocio de alquiler de espacios vacíos de oficinas a quien quisiera un espacio de forma temporal, con lo que surgió Green Desk. Esta empresa fue vendida pero sería el inicio de WeWork.

La primera oficina de WeWork abrió en el barrio neoyorquino de Little Italy. Rápidamente llamo la atención de grandes inversores cómo el japonés Masayoshi Son, dueño de SoftBank, que invirtió grandes cantidades de dinero, por lo que llegó a expandirse a más de 120 ciudades en 40 países para convertirse en una de las startups de más valor de Estados Unidos. Incluso el imperio de Neumann abarcó otros negocios como WeLive, una especie de vivienda comunitaria para personas solteras; una escuela de nombre Students Of Life For Life; y Rise by We, una cadena de gimnasios.

Aunque todo parecía perfecto, pronto los inversores comenzaron a tener dudas sobre si la empresa realmente valía los 47.000 millones de dólares que se le estimaban y se sembró la desconfianza alrededor de la capacidad de gestión de Neumann, especialmente debido a su afición a las fiestas lujosas y por acciones discutibles como la adquisición de inmuebles que posteriormente alquilaba a WeWork, por lo que decidieron investigar más a fondo las finanzas de la empresa y aplazando su salida a la bolsa en 2019.

Tras la investigación, Neumann fue obligado a renunciar a su cargo de CEO de WeWork e incluso algunos inversores le llegaron a denunciar en los tribunales, aunque las demandas no prosperaron.

El fin de WeWork, un sueño demasiado bueno para ser verdad

En el día de ayer, 6 de noviembre, la empresa emitió un comunicado oficial anunciando su decisión de acogerse al Capítulo 11 de la ley de bancarrota de Estados Unidos. Ahora, WeWork ha comenzado una reorganización integral para fortalecer su estructura de capital y lograr así un mejor posicionamiento de cara al futuro. «La Compañía mantiene el fuerte apoyo de sus partes interesadas financieras clave y ha celebrado un Acuerdo de Apoyo a la Reestructuración (“RSA”) con tenedores que representan aproximadamente el 92% de sus notas garantizadas para reducir drásticamente la deuda financiada existente de la Compañía», reza el escrito.

La empresa explicó que seguirá funcionando a nivel global -de hecho su web de España sigue sin cambios- y aclaró que la decisión de acogerse a la ley de bancarrota no afectará las franquicias fuera de Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, la Bolsa de Nueva York suspendió la cotización de la empresa.

Además de un inicio que prometía un futuro más exitoso del que podía tener, la debacle de la empresa también se vio a acelerada por la pandemia, cuando el modelo de trabajo remoto comenzó a popularizarse en EE.UU. Más allá de las causas que derivaron en la quiebra de WeWork, lo cierto es que un proyecto que llegó a estar valorado en 47.000 millones de dólares en 2019 -con fuertes apuestas por parte de firmas como Softbank o Goldman Sachs-, terminó siendo otra buena idea que murió en la ejecución.

Flow, una ambiciosa aventura comercial que nunca despegó

Antes de la bancarrota de WeWork, pero en medio de una situación complicada, Neumann decidió apostar por un nuevo y ambicioso proyecto en el sector inmobiliario, Flow. Lo vendió tan bien que logró una inversión anticipada de unos de 350 millones de dólares por parte del capital de riesgo Andreessen Horowitz, cofundada por Marc Andreessen.

En una publicación de su blog, Andreessen reveló que su inversión en Flow estaba «impulsada por la comunidad», porque «nuestra nación tiene una crisis de vivienda», agregando además que «Neumann y sus colegas en Flow […] son una forma directa de atacar este problema».

Pero, en ese momento aún había un elefante en la sala llamado WeWork, por lo que el comunicado indicaba que, «Adam es un líder visionario que revolucionó la segunda clase de activos más grande del mundo, los bienes raíces comerciales, al traer comunidad y marca a un sector en el que no existían antes. Adam y la historia de WeWork se han narrado, analizado y comentado exhaustivamente. A pesar de toda la energía puesta en cubrir la historia, a menudo se subestima que solo una persona ha rediseñado fundamentalmente la experiencia de la oficina y ha liderado una empresa global que cambia el paradigma en el proceso: Adam Neumann».

Nunca se supo con certeza qué es Flow, ni como logrará un cambio tan revolucionario. De hecho, la (no) empresa ya debería estar funcionando y aún no hay lanzamiento a la vista.

Lo que sí sabemos es que durante estos años de inactividad, Neumann ha estado comprando propiedades, acumulando residencias valoradas en 90 millones de dólares (poco más de 90 millones de euros), ubicadas en Nueva York y California. Además de esto, desde 2020 es dueño de casi 4.000 apartamentos asequibles que están repartidos por todo el número, valorados en 1.000 millones de dólares

También se ha sabido que Neumann y su esposa Rebekah han estado comprando terrenos forestales en Ecuador, para crear una empresa llamada Flow Carbon, con un modelo de negocio enfocado a vender créditos de carbono a empresas que quieren compensar sus emisiones, por lo que es posible que Flow no sea una empresa independiente, sino más bien una marca holística en busca de resolver todos los problemas de la vida moderna, mientras generan grandes ganancias.

Solo queda esperar y ver con qué novedad nos recibirá el Neumann del futuro.

Imagen: Flickr

 

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