Que las empresas lancen diferentes iniciativas mientras crecen y sin noción de conjunto, es un patrón habitual y también un freno. Cada etapa de crecimiento que han vivido, les ha llevado a construir iniciativas digitales: un eCommerce para el catálogo, un sistema de landings que montó el equipo de paid, un CRM elegido por el equipo de ventas, una app desarrollada por otro proveedor… Iniciativas lideradas, a veces, por equipos distintos con (y esta suele ser la clave) visiones y objetivos distintos.
El resultado no es un ecosistema, sino una amalgama extraña de proyectos e integraciones, a veces endebles, o que no representan ningún tipo de coherencia de cara al cliente.
Las consecuencias son conocidas para quien las vive: experiencias de usuario fragmentadas que erosionan conversión y percepción de marca; stacks técnicos complejos con costes de mantenimiento desproporcionados; código legacy que ralentiza cualquier evolución; y equipos técnicos trabajando sobre algo que nadie tiene completamente bajo control. Lo que estas empresas necesitan, no es “más” tecnología”, sino una visión unificada que integre tres disciplinas que todavía hoy, no se operan en equilibrio.
La primera es la mentalidad que aporta el growth asegurando que las decisiones responden a objetivos de negocio. La segunda es el diseño que aporta un posicionamiento adecuado y la UX que garantiza que el cliente viva la marca de forma coherente en cada punto de contacto. La tercera es la arquitectura tecnológica, donde se buscan decisiones técnicas escalables y flexibles, en un momento en que la tecnología, con la IA como acelerador, ya no es una elección sino algo que debemos dar por hecho.
El reto está en que integrar estas tres visiones de forma transversal, requiere mirarse de frente y tomar decisiones estratégicas. Lo bueno, es que tiene premio.
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