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Una de las canciones más escuchadas de la España postfranquista de 1980 fue Video killed the radio star. Un tema de un grupo del que jamás volvimos a saber nada, The Buggles, y que, más allá de las chaquetas brillantes de sus miembros, sus poses desafiantes y el chirriante falsete de su cantante, convirtió a esta canción en todo un himno del proceso de cambio que se estaba viviendo en los medios de comunicación: la televisión y el vídeo (ya fuera beta o VHS) habían dejado obsoleta a la radio y (en teoría) pronto condenarían al olvido a sus locutores de voces engoladas y sus promociones a-lo-canción-del-Colacao.

Por aquel entonces, la revista Interviú tenía apenas cuatro años de edad, y hoy me pregunto qué pensarían sus responsables si pudiésemos viajar en el tiempo para explicarles que, 37 años después, la radio seguiría existiendo, renovada y plenamente integrada en la vanguardia de lo digital, mientras que su querida revista está ya muerta y enterrada.

O solo muerta, si atendemos al comunicado que Grupo Zeta, editora de la revista, ha emitido esta mañana para certificar el final de una de las cabeceras históricas de la prensa española:

Grupo Zeta comunica que sus revistas semanales de información general Interviú y Tiempo van a dejar de publicarse. La causa principal es la imposibilidad de seguir sosteniendo durante más tiempo las importantes pérdidas generadas por ambas publicaciones en los últimos años, como consecuencia del vertiginoso descenso en la difusión y en los ingresos de publicidad que han sufrido de manera intensa y creciente. En concreto, las pérdidas continuas de ediciones Zeta, empresa que agrupa a estas dos revistas, ascienden en los últimos cinco años a siete millones de euros y la caída en la difusión ordinaria se sitúa en torno al 65% en ese mismo periodo de tiempo y de un 80% a lo largo de la última década, unos descensos similares a los que están sufriendo muchas cabeceras del sector de la comunicación.

Grupo Zeta está concentrando en este 2018 todos sus esfuerzos y recursos en la necesaria transformación digital a la que se encamina de forma acelerada el sector de la comunicación, para afrontar el futuro con el mismo éxito y rentabilidad que ha experimentado desde su creación en 1976, lo que le ha llevado a convertirse en uno de los grupos periodísticos más importantes y claves de la España moderna. Para ello, en 2017 el Grupo culminó la venta de su división editorial Ediciones B y refinanció su deuda con los bancos con el objetivo de optimizar sus recursos y volcarse en la potenciación de los activos periodísticos de futuro, todo ello con un requisito imprescindible de rentabilidad y sostenibilidad económica.

La crisis económica, el cambio de modelo de negocio y las propias tendencias de consumo de contenidos que se han producido en el sector de la comunicación han afectado gravemente a todos los medios impresos y de manera especial a estas dos cabeceras emblemáticas del Grupo Zeta, como son Interviú y Tiempo, que en su origen y evolución constituyeron un referente en el ámbito periodístico español.

Ambas publicaciones y sus profesionales inculcaron atributos básicos en el Grupo como son la investigación, los grandes reportajes, las entrevistas y un tratamiento riguroso de la información política-económica-financiera. Esta herencia en forma de valores fundamentales seguirá estando presente en el resto de publicaciones del Grupo, y de forma especial en El Periódico y en los diarios regionales de Aragón, Valencia, Andalucía y Extremadura.

La web de Interviú continuará abierta para los usuarios que deseen acudir a ella como uno de los fondos documentales periodísticos más importantes de este país de los últimos cuarenta años.

Una revista en modo zombi

Es decir, parece que la web de Interviú seguirá existiendo en modo zombi: un cadáver online que no renovará sus contenidos, pero que permanecerá activo para que los lectores que han seguidos sus portadas y reportajes durante los últimos 42 años.

¿Por qué no ha resistido el paso del tiempo?

Echándole un vistazo a la web de Interviú parece claro por qué ha exhalado su última exclusiva: un diseño obsoleto que acompaña a unos contenidos donde predomina el sexo y el porno blando, lo que se aleja del modelo que tanto éxito le deparó en su versión en papel: un pequeño porcentaje de material erótico para decorar una serie de reportajes políticos, económicos y de sucesos. Algo muy parecido a lo que condenó hace años a la desaparición de otro histórico como FHM.

Es decir, un modelo online en el que prima ese tipo de contenidos que los usuarios buscarían en webs especializadas como Pornhub o YouPorn, que no cuenta con contenidos de pago y que solo ofrece, como vía de monetización alternativa a la publicidad display, la posibilidad de comprar un número atrasado por 1,99€.  En cuanto a la versión en papel, mejor no hablemos. La inversión en publicidad en los medios impresos en general, y su audiencia, se ha reducido tanto en los últimos años, que no es extraño que Grupo Zeta haya decidido poner fin a una publicación que no podía competir en la era de las revistas de nicho: no era información pura, y los contenidos eróticos que ofrecía no podían competir contra el auge del porno online.

Por supuesto, las redes sociales no han tardado en reaccionar a la desaparición de una cabecera histórica como esta:

 

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