El número de compañías de software que trata de vender sus servicios a usuarios particulares mediante un modelo de suscripción es cada vez mayor. El modelo SaaS comenzó a popularizarse aproximadamente a partir de 2010, quizás siguiendo la estela de los servicios de streaming como Netflix o Spotify. Estos servicios fueron los primeros que lograron que millones de usuarios pagaran una cuota mensual para acceder a ellos, y sentaron las bases del modelo.
Tanto en el caso de Netflix como en el de Spotify, el modelo de suscripción tiene perfecto sentido. Cuando fueron lanzadas, estas plataformas ofrecían de hecho un ahorro a los usuarios gracias al sistema de cuotas mensuales, porque este sistema venía a reemplazar el pago de docenas de productos en forma de películas en DVD o discos en CD. Pagando menos, pero de forma constante, los usuarios tenían acceso a mucho más.
El modelo de suscripción pronto fue visto por numerosas compañías de software como una oportunidad extraordinaria para su crecimiento. En lugar de vender una aplicación mediante un sistema de pago único –que permitía a los usuarios no volver a pagar por el software durante varios años a la espera de una evolución significativa del mismo–, se proponía el pago de una suscripción anual para tener un acceso continuo a su versión más reciente.
Desde la perspectiva de las empresas, la transición a un modelo de suscripción tiene todo el sentido del mundo. Les permite garantizarse un flujo constante de ingresos con el que planificar mejor sus gastos y su potencial de crecimiento. De este modo pueden financiar el desarrollo de su software sin miedo a que el nuevo producto no convenza a sus usuarios, y sin necesidad de hacer grandes revoluciones para poder venderlo.
Para los usuarios, en cambio, el modelo de suscripción venía en su detrimento. El lugar de pagar una sola vez por un software y esperar varios años hasta que una nueva versión sea lo bastante relevante como para adquirirla de nuevo, se veían obligados a continuar desembolsando su dinero mes tras mes o año tras año por una aplicación que quizá no necesitan usar de manera continua.
Un estudio de ExpressVPN advierte de un creciente agotamiento entre los usuarios con respecto al pago continuo de suscripciones de todo tipo. Conocido como la “fatiga de las suscripciones”, este agotamiento los invita a distanciarse de las suscripciones menos esenciales a través de la cancelación de cuentas o la búsqueda de alternativas de pago único. Estas tendencias, además, se están acentuando ante el aumento del costo de la vida.
Un problema añadido de esta “fatiga de las suscripciones” es la multiplicación de servicios similares, sobre todo en el ámbito del entretenimiento digital. El lanzamiento de Netflix hace ya más de 15 años ofrecía a los usuarios un catálogo unificado con las series y películas más interesantes del momento, pero ahora Netflix debe competir con docenas de otros servicios de streaming similares, cada uno con sus propias producciones.
A esto se suman los nuevos servicios de streaming deportivo como DAZN o ESPN+, que ofrecen sus retransmisiones en vivo a cambio de cuotas mensuales. E incluso plataformas tradicionalmente gratuitas como YouTube o Twitch están saturando sus servicios cada vez más con publicidad no deseada para impulsar una transición entre sus usuarios y lograr que paguen también cuotas mensuales a cambio del acceso a sus respectivas plataformas.
El incremento de servicios de entretenimiento digital reduce su calidad, ya que fragmenta el sector entre múltiples compañías diferentes. Pero además, esta pérdida de calidad ha venido acompañada de un incremento de precios. Por ejemplo, el plan Premium de Netflix costaba solo 11,99 € en 2015 y permitía compartir la cuenta, mientras que actualmente cuesta 19,99 € y no permite compartirla. Y algo similar ocurre en muchas otras plataformas.
Todo esto, sumado a un incremento consistente de los alquileres y los precios de la canasta básica, así que miles de familias sencillamente no puedan seguir haciendo frente a este tipo de suscripciones de entretenimiento, y mucho menos a las de SaaS. Esto está impulsando una vuelta a la piratería, por ejemplo descargando versiones ilegítimas de Office en lugar de pagar la suite de Microsoft 365, o viendo películas en Cuevana en lugar de pagar por Netflix.
Se trata de un problema que la industria debe abordar de manera inteligente. El poder adquisitivo de millones de personas simplemente ya no da para más. A la hora de elaborar una estrategia de marketing sólida para este tipo de compañías, conviene plantear entonces esta problemática y sugerir el despliegue de planes de pago alternativos. Las compras de pago único o los planes “Lite” podrían paliar la “fatiga de las suscripciones” sin tener que renunciar a ellas.
Imagen: Pixabay
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