Wallapop, el marketplace de segunda mano que ya todos conocemos, ha lanzado su nuevo programa de fidelización. Con él busca transformar la experiencia transaccional en un modelo de gamificación que premia tanto a compradores como a vendedores por su actividad en la plataforma.
Aquí estamos todos compitiendo por la atención del usuario y por eso, Wallapop ha decidido atacar uno de los mayores retos del C2C: la recurrencia. Aunque la plataforma ya cuenta con una base de más de 21 millones de usuarios, el objetivo ahora es que estos no realicen compras esporádicas, sino que integren el “re-commerce” como su primera opción de consumo.
La mecánica del programa es sencilla y directa: 5 puntos por cada euro invertido. Estos puntos se generan automáticamente tras finalizar una transacción con éxito, validando así el comportamiento positivo dentro del marketplace.
Pero está claro que para que un programa de fidelización funcione, las recompensas deben aportar un valor real al flujo de trabajo del usuario. En este sentido, Wallapop ha estructurado sus canjeos de puntos en dos pilares fundamentales:
El lanzamiento no es ninguna casualidad. Según el informe La Red del Cambio 2024, el 94% de los españoles ya recurre a productos reutilizados de manera habitual. Wallapop Club nace para capitalizar esta tendencia cada vez más común en la socided, pasando de ser un simple tablón de anuncios a un ecosistema donde la fidelidad tiene un retorno tangible.
Desde la compañía, Edurne de Oteiza, directora de Marketing, señala que este es solo el inicio de una hoja de ruta más ambiciosa. El objetivo a largo plazo es integrar métricas de impacto positivo y sostenibilidad, permitiendo que el usuario no solo vea el ahorro económico o el beneficio logístico, sino también su contribución medioambiental mediante clasificaciones de sostenibilidad personalizadas.
Tendremos que ver si Wallapop Club tiene éxito o no. Esto estará determinado por su capacidad para mantener el interés del usuario una vez pasada la novedad y en si los descuentos en envíos son suficientes como para decantar la balanza frente a la compra de productos nuevos.
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