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Riquiño es una de esas palabras gallegas difíciles de traducir exactamente al castellano. Algo así como una mezcla de majo, simpático y agradable, pero con un toque de inocencia. Una combinación perfecta para la frase («born to riquiño») con la que se autodefinía aquel usuario oculto tras un avatar de Patricio Estrella con el que @hematocritico sorprendía cada día, a base de pura creatividad, a la comunidad de usuarios de los primeros años de Twitter en España.

Miguel López, Hemato, ha fallecido, y con él X pierde a uno de los miembros del lado luminoso de la fuerza tuitera. Un artista extraordinario, de una creatividad arrolladora, capaz de moverse con extrema facilidad entre toda la ponzoña con la que múltiples perfiles contribuyen a convertir cada día las redes sociales en un lugar peor.

La noticia de su pérdida me hizo recordar todas las cosas que había conseguido construir en estos años. El creador del indefinible pero a la vez clarísimo término tróspido, al que dio continuidad con sus impagables narraciones de #trospidvision. La mente detrás de El Hematocrítico de Arte, capaz de extraer segundas y terceras lecturas humorísticas a cualquier cuadro clásico de aspecto aburrido. El genio capaz de dedicar (acompañado por su inseparable Noel Ceballos) cuatro temporadas de un podcast a Médico de familia. Un influencer que en su último día sobre el planeta lanzaba una nueva campaña de publicidad de esas a las que sabía aplicar el punto justo de humor que gustaba tanto a las marcas. Un maestro de escuela al que su vocación llevó a convertirse en un autor de literatura infantil con un éxito más que notable.

Muchos tuiteros de ese lado luminoso, creativo, positivo, que él representaba le rindieron honores poco después de que su pareja, Ledicia Costas, anunciase su muerte en Twitter: Berto Romero, Inés Hernand, Pedro Torrijos, Manel Fontdevila, La vecina rubia o Dios tuitero respondieron a la noticia recordando su calidad humana y profesional. También lo hizo Manuel Bartual, el creador de esos hilos tan desconcertantes al que muchos hubiésemos deseado que perteneciese la noticia del fallecimiento de Miguel.

Durante algún tiempo, una de sus líneas de contenido más populares fue la de «vamos a morir todos»: tuits en los que Hemato nos recordaba la fugacidad de la vida a base de recordarnos cosas como que el niño de E.T. ya tiene 52 años o que los protagonistas de Friends están mucho más cerca de ser abuelos que de estar dando sus primeros pasos en la vida adulta.

Ahora es su pérdida la que nos recuerda que la vida se escapa entre los dedos con cada segundo que pasa. Con cada tuit que publicamos. Quizá la mejor forma de cuidar el legado de Miguel, el legado de El Hematocrítico, es cuidar el Twitter en el que creció y que tan amenazado está. El que potencia la creatividad. El que apuesta por la positividad. El que nos aporta tanto a todos.

Y ya sabes, en caso de duda, be riquiño.

 

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