El nuevo gobierno de Donald Trump ofrece al menos un titular por día. Desde que asumió el poder, el magnate ha ido cosechando enemistades en todos los frentes con medidas que abarcan desde lo social, hasta lo cultural, político y económico. Una de las más polémicas fue la que anunció el pasado 1 de febrero y que impone aranceles del 10% sobre productos importados desde China.
Esto afecta negativamente a los eCommerce europeos que compran productos a china y luego los revenden en Estados Unidos, ya sea a través de una tienda online propia o a través de marketplaces, como Amazon o AliExpress. Sin embargo, la medida también abre una nueva oportunidad para los negocios que comercializan productos fabricados en Europa (incluso si estos tienen algún componente chino para su hechura), ya que los aranceles quitarán de en medio a todo un mercado de productos de baja gama de plataformas como Temu, Shein, AliExpress, entre otros, que hasta ahora inundaban el mercado norteamericano.
A continuación, analizamos la letra pequeña de esta nueva medida y las posibles consecuencias para las tiendas online europeas.
La orden ejecutiva firmada por Trump establece un arancel adicional del 10% sobre las importaciones provenientes de China. Según el presidente norteamericano, la decisión esconde dos objetivos: por un lado, proteger la industria nacional y reducir el déficit comercial estadounidense; por el otro, detener el flujo de fentanilo hacia el país, una droga sintética que ha causado un aumento significativo en las muertes por sobredosis en Estados Unidos.
Además, la medida pone fin a la provisión “de minimis”, que permitía la entrada libre de aranceles de paquetes valorados en menos de 800 dólares. Esta exención había sido aprovechada por minoristas en línea chinos, como Temu y Shein, para evitar aranceles en sus productos.
Esto afecta a una amplia gama de productos chinos, incluyendo dispositivos electrónicos, textiles y maquinaria. Sin embargo, algunos bienes esenciales, como ciertos productos médicos y componentes tecnológicos críticos, han quedado exentos para evitar disrupciones en sectores clave. Esta distinción es crucial para los negocios europeos que dependen de componentes chinos para ensamblar productos destinados al mercado estadounidense.
Las empresas europeas podrían encontrar oportunidades en este nuevo panorama. Con los productos chinos enfrentando mayores costos en el mercado estadounidense debido a los aranceles, los productos europeos podrían volverse más competitivos en términos de precio. Los vendedores europeos pueden aprovechar la menor competencia china en EE.UU. para expandirse en ese mercado, especialmente en sectores como moda, lujo y tecnología. Amazon, eBay y otras plataformas estadounidenses podrían incentivar la venta de productos europeos para compensar la reducción de oferta de bienes chinos.
Además, los consumidores estadounidenses podrían buscar alternativas a los productos chinos, abriendo una ventana para que las empresas europeas aumenten su cuota de mercado en Estados Unidos.
Por ejemplo, para Víctor Juárez, CEO de Creators Co. (Craftelier, Hartem), esta medida es una buena noticia. “El arancel quitará del camino a muchos productos de gama baja que llegan a Estados Unidos desde plataformas como Temu, Shein o AliExpress y eso favorece a los productos de gama alta de Creators Co., que son de origen europeo”.
Si bien, el negocio de Juárez también comercializa productos netamente chinos que se revenden en Norteamérica, se trata de solo un sexto del negocio que el eCommerce tiene en el país. “Para nosotros Estados Unidos representa más del 40% de nuestro negocio y, aunque el arancel nos puede afectar en algunos productos, al final nos compensa, porque eliminará a mucha competencia y nos ayudará a posicionarnos en otro segmento superior”, explica el emprendedor.
Sin embargo, Juárez también abre otra incógnita: “Mi miedo es que el impuesto afecte al negocio en Europa, ya que todos esos productos que los marketplaces chinos dejarán de vender en Estados Unidos a causa del impuesto podrían volcarse en el mercado europeo, y eso sí que afectaría al negocio que tenemos en la región, que es casi tan amplio como el que tenemos en Estados Unidos”, explica.
Los aranceles también pueden tener efectos adversos. Muchas empresas europeas dependen de cadenas de suministro que involucran componentes o productos terminados provenientes de China. Para amortizar el impacto del nuevo impuesto, tienen tres opciones: aumentar precios, ganar menos dinero (o perder), volcar esos productos en otros mercados o dejar de comercializarlos.
Esta incertidumbre comercial puede complicar la planificación logística y de inventario para los negocios online europeos. Empresas europeas con operaciones en China podrían enfrentar restricciones al enviar productos a EE.UU. Esto podría llevarlas a buscar nuevos centros de producción en el sudeste asiático o Latinoamérica. También podrían reconsiderar sus rutas de exportación y almacenamiento, evitando EE.UU. como punto de distribución.
Por otro lado, las marcas europeas que producen en China y venden en EE.UU. también verán afectadas sus operaciones y esto puede obligarlas a aumentar precios o buscar nuevos proveedores fuera de China. Aunque en este caso ya estaríamos hablando de grandes empresas y no tanto de los pequeños eCommerce.
Finalmente, como expresaba Víctor Juárez, podría suceder que la enorme masa de productos de baja gama y coste de marketplaces chinos como Temu, Shein o AliExpress, abandonen Estados Unidos para volcarse hacia otros mercados, como el europeo. Eso aumentaría la competencia local, sobre saturando la oferta con múltiples opciones en distintas verticales.
Las políticas arancelarias de Estados Unidos y las respuestas de China pueden desencadenar una serie de efectos a nivel internacional. La imposición de aranceles puede alterar las cadenas de suministro globales, llevando a las empresas a buscar proveedores en otras regiones para mitigar costos. Además, estas tensiones comerciales pueden generar volatilidad en los mercados financieros y afectar la confianza de los inversores. La Unión Europea, en particular, podría verse en la encrucijada de alinearse con uno de los dos gigantes económicos o buscar una posición neutral, todo mientras protege sus propios intereses comerciales.
De hecho, las nuevas medidas ya han tenido su contrapartida: en reacción a los aranceles impuestos por Estados Unidos, China anunció aranceles adicionales del 10% al 15% sobre productos estadounidenses como petróleo y automóviles. Además, Pekín ha anunciado nuevos controles a las exportaciones de minerales clave y ha lanzado una investigación antimonopolio contra empresas estadounidenses. Estas acciones podrían intensificar las tensiones comerciales y tener repercusiones en las cadenas de suministro globales.
Durante su presidencia (2017-2021), Donald Trump también impuso una serie de restricciones comerciales contra China para proteger la economía estadounidense y combatir lo que consideraba prácticas desleales. Inició una guerra arancelaria, imponiendo tarifas del 25% a productos tecnológicos y maquinaria china en 2018, que luego se expandieron a otros sectores hasta afectar importaciones por más de 500.000 millones.
En 2020, Trump firmó un acuerdo con China que redujo algunos aranceles a cambio de compras de productos estadounidenses. Además, impuso sanciones a empresas tecnológicas como Huawei, TikTok y SMIC, restringiendo su acceso a tecnología y proveedores de EE.UU. También bloqueó inversiones chinas en sectores estratégicos y endureció las regulaciones en la bolsa para empresas extranjeras.
Otras medidas incluyeron la prohibición de exportaciones clave como semiconductores y software avanzado, afectando el desarrollo de inteligencia artificial y redes 5G en China. Se sancionó a funcionarios chinos y empresas estatales por presuntas violaciones de derechos humanos, y se impidió que ciertas compañías recibieran contratos del gobierno estadounidense. En respuesta, China impuso aranceles a productos agrícolas y automotrices de EE.UU., lo que llevó a empresas a trasladar su producción a otros países. Estas restricciones impactaron severamente a tecnológicas chinas como Huawei, que perdió acceso a chips esenciales y vio afectadas sus operaciones internacionales.
Foto: ChatGPT
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