El pasado viernes te hablábamos de la llegada de Kimi K3, un nuevo modelo de IA creado por la empresa Moonshot AI que al poco de su aparición ya se colocaba en los primeros lugares de las comparativas de este tipo de herramientas. Así, alcanzaba en un tiempo récord la primera posición del LLM Arena para la creación de interfaces web, superando incluso a GPT 5.6 Sol y Claude Fable 5..
Las expectativas con Kimi K3 están siendo muy altas, y me temo que el éxito de su lanzamiento ha pillado por sorpresa incluso a sus creadores. De hecho, el domingo la compañía tuvo que anunciar que pausaba la admisión de nuevas suscripciones, ante una llamativa falta de capacidad de procesamiento. Esto es lo que ha publicado la compañía en su cuenta de X:
“Kimi K3 ha recibido mucho más amor del que esperábamos, y nuestras GPUs lo están sintiendo. En las últimas 48 horas, la demanda ha estado cerca de los límites de nuestra capacidad actual. Para proteger la experiencia de los suscriptores existentes, estamos pausando temporalmente las nuevas suscripciones y priorizando la computación para los miembros actuales. Los usuarios suscritos existentes no se ven afectados.
Estamos agregando capacidad tan rápido como podemos y reabriremos los nuevos cupos de suscripción en lotes. De ahora en adelante, también dividiremos la membresía en dos planes más enfocados: Kimi Membership para Kimi Web, App y Work; y Kimi Code Membership para flujos de trabajo de codificación. Esto nos ayudará a asignar la computación de manera más precisa y mantener la experiencia estable”.
Lo cierto es que este colapso de la capacidad de procesamiento de Kimi K3 entronca muy bien con un tema de fondo que lleva tiempo rondando al sector de la IA a nivel mundial: los intereses y conflictos geoestratégicos. Actualmente hay demasiados indicadores que nos hacen pensar que estamos volviendo a una política de bloques similar a la vivida en el último cuarto del siglo XX, aunque en este caso los dos actores principales son EE.UU. (gran dominadora del sector hasta ahora) y China. Los avances en IA del país asiático habían sido vistos hasta el momento como copias o desarrollos miméticos a los generados por las tecnologías de vanguardia de las grandes compañías estadounidenses, con menor capacidad y apostando por precios baratos.
Sin embargo, recientemente la brecha entre la tecnología china y la estadounidense se ha ido acortando, cada vez más, con propuestas que como vemos pueden codearse con las más avanzadas de empresas como Anthropic o OpenAI.
El episodio pone sobre la mesa una de las grandes limitaciones actuales de toda la industria de la IA: disponer de suficiente capacidad de cómputo para atender una demanda creciente. En el caso chino, además, esa dificultad se ve agravada por las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados.
El problema de China, me temo, no tiene que ver tanto con la capacidad de desarrollo del conocimiento, sino con la capacidad de procesamiento de la ingente demanda que genera la IA. Desde hace tiempo, la industria de los semiconductores necesarios para procesar las tareas de la inteligencia artificial está en manos de muy pocos actores (seguro que te suenan empresas como TSMC o ASML) y la gran mayoría de ellas pertenecen al “bloque occidental” o filooccidental, si lo prefieres, como en el caso de la taiwanesa TSMC.
De hecho, la exportación de estas tecnologías (especialmente los chips más avanzados) a China ha estado sometida a fuertes procesos de regulación, que hacen que cada vez que una empresa china (como en este caso Moonshot) lanza una nueva tecnología de vanguardia, los analistas y medios norteamericanos se pregunten cómo ha podido conseguir la capacidad de procesamiento para llevarla a cabo.
Las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados añaden una dificultad adicional para muchas empresas chinas, aunque resulta difícil saber hasta qué punto han influido en un episodio concreto como el vivido por Moonshot AI. Lo que sí parece claro es que, a medida que estos modelos ganan usuarios, disponer de suficiente capacidad de cómputo se convierte en un factor tan importante como la calidad del propio modelo
Tal y como escribía hace unos días el experto estadounidense en geoestrategia Ryan Fedasiuk, “El reto ahora consiste en mantener estrictos controles de exportación sobre los equipos de memoria y fabricación de chips que China aún no puede producir a gran escala, y seguir desarrollando infraestructura en mercados favorables a la tecnología estadounidense.
Kimi K3 es un hito importante en la competencia entre Estados Unidos y China en materia de inteligencia artificial, y los estadounidenses deberían tratarlo como tal, no como un momento catastrófico como el del Sputnik que exija pánico, sino como el cierre formal de una era en la que la capacidad del modelo por sí sola confería una ventaja duradera”.
Hasta hace poco la gran pregunta era quién sería capaz de desarrollar el mejor modelo. El episodio vivido por Moonshot sugiere que, a partir de ahora, la verdadera batalla también se librará en otro terreno: quién puede poner ese modelo al alcance de millones de usuarios sin que la infraestructura se convierta en un cuello de botella.
Imagen: ChatGPT
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