Hacer que el cliente se sienta bien es el Santo Grial del comercio en general, y del eCommerce en particular. Bajo el concepto “experiencia de compra” se agrupan multitud de factores que son determinantes a la hora de que el usuario de nuestra tienda online no sólo decida comprar, sino que se convierta en el cliente habitual que todos deseamos (desesperadamente). Poniéndonos bíblicos, diríamos que muchos son los llamados y pocos los elegidos a entrar en el club de los que realmente consiguen una experiencia de compra positiva en el mundo del eCommerce.
Algunos datos:
En España el 17% del total de empresas facturan más del 1% de sus ventas a través de canales electrónicos, (fuente: ONTSI/Red.es, junio 2015) aunque si analizamos el último gran informe disponible de esta misma fuente (edición 2014 del informe sobre comercio electrónico B2C en España de 2013) vemos que la inmensa mayoría de esas ventas se concentran en sectores muy específicos: viajes y transportes, entradas a espectáculos, ropa y complementos y artículos de electrónica. Más datos interesantes:
Buceando un poco en los datos se deduce que un número importante de empresas con servicios de eCommerce tienen facturaciones online muy bajas, y que existe una clara desigualdad en el volumen de negocio a través del canal online, dependiendo del sector. Es decir, las posibilidades de crecimiento son inmensas…
Podemos definir la experiencia de compra positiva como aquella que hace que el cliente se sienta bien. Esto es algo claramente subjetivo, pero no estamos en un canal de ventas radicalmente nuevo, sino que existe una creciente madurez que hace al cliente más exigente, dado que las opciones para elegir son mayores. En este contexto, el valor añadido que podamos aportar a la experiencia de compra del cliente es un factor fundamental para conseguir una valoración positiva.
El valor añadido es conceptualmente muy simple: dar al cliente más de lo que espera. Desarrollarlo y llevarlo a la práctica es más complicado, aunque este principio básico debe afectar a todos y cada uno de los pasos en la interacción del cliente con nosotros antes, durante y después de la venta. Se trata de hacer que el cliente se sienta cómodo y atendido. Para ello hay que ponerse en la piel del cliente, un ejercicio muy difícil en el comercio offline y más complicado aún en el online, donde no hay contacto físico. Hay que suplir la falta de contacto con una atención exquisita, comenzando por el diseño de la propia web y de sus distintos elementos, el carrito de la compra, los gastos de envío y el proceso de envío y de comunicación con el cliente.
Hay que pensar cuidadosamente cuál es ese valor añadido que le vamos a ofrecer al cliente, pues por él vamos a ser juzgados. Si sólo ofrecemos precio, el cliente sólo acudirá a nosotros cuando el precio sea lo suficientemente bajo para ser un valor añadido en sí mismo, algo que no sucede con mucha frecuencia.
Distinguiremos tres fases: antes, durante y después del momento de la compra.
Sobre todo, habla con tus clientes. Ellos son los que sienten y viven la experiencia de compra contigo, por tanto son ellos los que más pistas te darán sobre lo que quieren. No olvides que el valor añadido no siempre es monetario.
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