La plataforma española de educación digital Odilo se enfrenta a una grave denuncia por parte de un grupo de accionistas quienes le acusan de un presunto delito de falsedad contable y fraude a Hacienda y a la Seguridad Social. La empresa, fundada en 2012 en Cartagena, había sido valorada en 246 millones de euros tras su última ronda de financiación.
Actualmente el 47% de Odilo es propiedad de la familia Rodríguez, mientras que el 53% pertenece a varios fondos de inversión. Tal y como explica Eleconomista.es los accionistas denunciantes acusan a la dirección, controlada por la familia Rodríguez, de manipular las cuentas, crear contratos ficticios y no pagar impuestos ni cotizaciones sociales. Además, afirman que los responsables intentaron bloquear la investigación, destruyendo pruebas y borrando información.
La situación ha llevado al consejo de administración a destituir a varios miembros del equipo directivo, incluyendo al consejero delegado, Rodrigo Rodríguez, y a otros miembros de la familia.
La empresa ha iniciado una investigación externa para aclarar los hechos, pero aún persisten dudas sobre la integridad de ciertos empleados que siguen en la compañía. En este sentido, el informe forense encargado por el consejo de administración a la firma de abogados Squire Patton Boggs y a la consultora Alvarez & Marsal, aunque no encontró pruebas concluyentes, indicó que “existen indicios racionales de que podría haberse producido una potencial manipulación en el reconocimiento de ingresos; creación de contratos ficticios; y encubrimiento de irregularidades bajo el ajuste IFRS (Normas Internacionales de Información Financiera) por parte de la dirección de Odilo.
Las declaraciones llevadas a cabo por los entrevistados confirman el núcleo de los hechos contenidos en la denuncia, en tanto revelan el patrón de manipulación de datos y comportamientos irregulares por parte de la sociedad, con el fin de obtener financiación y mostrar una apariencia de la situación financiera de Odilo ante el consejo de administración y los inversores que no se ajusta a la realidad”.
Tras habernos puesto en contacto con la empresa, nos han remitido a un comunicado oficial sobre este asunto, en el que asegura que el actual proceso no ha interrumpido las operaciones de Odilo ni ha afectado al servicio prestado:
“Tras detectarse irregularidades en los procedimientos asociados al canal interno de denuncias, ODILO ha puesto en marcha una investigación externa y exhaustiva que proporcione total transparencia. Bajo este contexto, el Consejo de Administración, a petición de la Junta de Accionistas, ha acordado la suspensión temporal de diferentes cargos directivos. Al tratarse de una investigación confidencial, la compañía no entrará a valorar ninguna cuestión al respecto. A día de hoy, la compañía se encuentra al corriente de todos sus compromisos legales y tributarios con las administraciones. La investigación no ha interrumpido las operaciones de ODILO, ni ha afectado o afectará a la calidad del servicio que ofrece a sus clientes”.
Rodrigo Rodríguez, CEO y fundador de Odilo, antes de enredarse en la aventura profesional que supuso crear esta empresa en 2012, trabajó en el sector del cloud computing, lo cual le permitió acumular conocimientos acerca de la tecnología que empleaban muchas bibliotecas. Fue con el éxito del formato ebook cuando Rodríguez comenzó a darse cuenta de las oportunidades que la tecnología ofrecía a las bibliotecas y al sector educativo en general.
“En el medio plazo, instituciones de todo tipo ofrecerán acceso a contenidos educativos digitales a sus usuarios, empleados y estudiantes del mismo modo que ahora ofrecen acceso WiFi“. Este vaticinio era el que el propio Rodríguez nos confesaba allá por el 2015 en una entrevista.
En los últimos años este tipo de contenidos han alcanzado su máximo apogeo. Y más desde la pandemia, un hecho que obligó a apostar por ellos y a confirmar su utilidad y lo necesarios que son, no solo en lo tocante a la educación en etapas escolares, sino también el lo relativo al desarrollo personal y profesional.
Actualmente Odilo, que explica en su web que “crea soluciones personalizadas basadas en datos para ofrecer la mejor experiencia, posibilidades de aprendizaje ilimitadas e interacción para sus alumnos” cuenta con un equipo de más de 300 empleados distribuidos por sus sedes en Estados Unidos, Chile, Colombia, Perú, México, Reino Unido, Alemania, Turquía, Filipinas y Sudáfrica. Entre sus clientes a lo largo de estos años se incluyen organizaciones educativas como la Universidad Nacional de Valencia, entidades como el Ministerio de Educación de Costa de Marfil o grandes empresas como Vodafone.
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