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En un lugar de los marketplaces de cuyo nombre no quiero acordarme, están proliferando como setas en otoño los dispositivos desinfectantes electrónicos que supuestamente desinfectan o purifican el aire o los objetos y que se han convertido en superventas: desde los dispositivos de ozono a las lámparas ultravioleta, pasando por los túneles de desinfección que quieren que instalemos en la entrada de tiendas o centros comerciales. Como si el pobre Fernando Simón no tuviera bastante con lidiar con lo que le toca, ahora le está tocando al Ministerio de Sanidad desmentir su supuesta eficacia.

Tras el asunto de las mascarillas más falsas que el pelo de algunos destacados políticos, llegan ahora los dispositivos desinfectantes milagrosos.

Al hilo de la reapertura progresiva de locales comerciales, muchos propietarios se están planteando comprar alguno de estos dispositivos desinfectantes, hasta el punto de que su demanda en el eCommerce se ha disparado de forma exponencial.

Partamos de dos bases. Las vías de transmisión del SARS-nCov-2 (que es el nombre del virus, COVID-19 es el nombre de la enfermedad) están bastante claras: la transmisión aérea mediante las microgotas que se expulsan al hablar, estornudar o toser (de ahí la recomendación del uso de mascarillas en espacios públicos) y la transmisión por contacto cuando esas microgotas se depositan sobre superficies, las contaminan y luego otra persona las toca y después se toca la cara, ojos o nariz.

De ahí, de nuevo, la recomendación del uso de mascarillas y, en el caso de personas que están en atención al público, gafas o pantallas protectoras, cuya principal finalidad es impedir que esas personas se toquen la cara.

Analicemos cuatro casos:

  • los dispositivos desinfectantes basados en ozono
  • los desinfectantes ultravioleta
  • los filtros purificadores de aire
  • los túneles de desinfección mediante nebulización.

El milagro del ozono

tardígrado

Aquí un tardígrado, aquí unos amigos. No es necesario que os llevéis esta monada a casa, ya está en ella, y en todas partes.

El ozono no es más que una molécula con tres átomos de oxígeno en lugar de dos. Habitualmente se forma en las capas altas de la atmósfera cuando la radiación que proviene del espacio, fundamentalmente del Sol, incide sobre el oxígeno de la atmósfera.

Y es genial que se quede ahí, puesto que la famosa capa de ozono es lo que impide que los rayos ultravioleta del Sol penetren en la atmósfera con la suficiente intensidad como para achicharrar cualquier forma de vida, excepto, probablemente, las cucarachas y los tardígrados, unos simpáticos ositos microscópicos que están en todas partes y que resisten lo que les echen.

El ozono también se puede generar artificialmente. Y, efectivamente, es un potente desinfectante a altas concentraciones. El problema es que no sólo mata a los virus y las bacterias, sino que es extremadamente venenoso, insisto, a concentraciones altas, para cualquier bicho viviente. Excepto los tardígrados.

Por tanto, los «cañones de ozono» y «ozonizadores de aire» (intenta pronunciar «ozonizador» mientras te comes un polvorón) pueden tener dos posibilidades:

  • Emitir ozono en concentraciones muy bajas, con lo que los virus y las bacterias harán la ola.
  • Emitir ozono en altas concentraciones, que sí podría tener acción desinfectante, en cuyo caso no se pueden utilizar en presencia de personas, y quienes operen estas máquinas deben ir provistos de equipos de protección individual bastante más sofisticados que una mascarilla y unas gafas. Además, habría que ventilar el local o la estancia después de su uso. El Ministerio advierte en su nota que «esta sustancia está clasificada como peligrosa por vía respiratoria, irritación de piel y daño ocular.» 

Esto no significa que no pueda ser utilizado en cabinas o habitaciones específicas de desinfección de, por ejemplo, ropa, pero siempre con las medidas de seguridad adecuadas y siguiendo las instrucciones del fabricante.

Dispositivos desinfectantes por rayos ultravioleta y filtros de aire

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La radiación electromagnética ultravioleta (UV) se divide en tres categorías, según su longitud de onda (de ésta depende la cantidad de energía que transporta esa radiación): UV-A, UV-B y UV-C. Los dispositivos desinfectantes mediante radiación UV de onda corta (UV-C) se utilizan desde hace mucho tiempo en desinfección industrial y hospitalaria de superficies, líquidos e instrumental. Sin embargo, deben estar bien diseñados ya que la radiación UV sólo desinfecta donde incide directamente. Es decir, no hará nada en las zonas de sombra. Al igual que en el caso anterior, la radiación UV-C no puede usarse en presencia de personas, porque les deja el ADN como un colador.

Han surgido muchos dispositivos de desinfección del aire que lo aspiran, lo someten a radiación UV-C y lo expulsan desinfectado. Bien. Pero el SARS-nCoV-2 se difunde a partir de personas infectadas y, por mucho que diga Donald Trump, no hay forma de meterles dentro una «tremenda radiación UV» sin matarlas. Por tanto, puedes tener limpísimo el aire de un local, que si entra una persona infectada sin mascarilla y se pone a hablar o a toser, adiós desinfección. Exactamente lo mismo sucede con los filtros purificadores de aire que retienen las partículas menores de x micras.

Túneles desinfectantes

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También están proliferando como setas las ofertas online de «túneles desinfectantes» que nebulizan agua tratada con ozono o algún otro tipo de desinfectante del que se afirma su inocuidad. Se supone que, como en un autolavado, la persona pasa por allí, se le nebuliza con microgotas que no mojan y sale desinfectada (por fuera) por el otro lado.

Vuelvo a citar literalmente la nota del Ministerio de Sanidad: «Actualmente, no existe ningún producto virucida que esté autorizado para su uso por nebulización sobre las personas. Por tanto, esta técnica de aplicación que se anuncia en los denominados túneles desinfectantes de ningún modo puede ser utilizada sobre personas. Un uso inadecuado de biocidas introduce un doble riesgo, posibles daños para la salud humana y dar una falsa sensación de seguridad.»

Es decir, que si utilizan un desinfectante puede ser un riesgo para la salud, y si usan agua tratada con ozono es como si nos rociaran con agua destilada. Para lo único que sirven es para dar una falsa sensación de seguridad, pero su efecto es mas psicológico que otra cosa.

¿Y entonces qué hago para desinfectar?

Pues limpiar frecuentemente las superficies con agua y un desinfectante eficaz en las dosis recomendadas. La lejía de toda la vida es un desinfectante eficaz maravilloso (¡ojo! ¡no te la bebas!) y, sobre  todo, barato. ¿Recuerdas el anuncio de TV de la chica que venía del futuro para traernos lejía? Pues venía de 2020. De hecho, lleva una ropa parecida a los EPIs y tiene los pelos ligeramente como escarpias.

Lo que tienes que tener claro si tienes un negocio, es que el coronavirus está DENTRO de las personas infectadas, y que por mucho que purifiques el aire no va a servir de mucho. Las medidas están claras: las personas que entren en tu local deben llevar mascarilla, no deben tocar nada sin guantes desechables o bien desinfectarse las manos primero y deben respetar siempre los 2 metros de distancia de seguridad.

¿Y si tengo un restaurante? La gente no come ni bebe con mascarilla. En ese caso, se debe respetar estrictamente la distancia de seguridad entre mesas y valorar la posibilidad de instalar barreras físicas, como vidrio o metacrilato, entre unas y otras.

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¿Cómo sé si me están tomando el pelo o no?

En primer lugar, cuidado con los productos «chollo» que te quieran vender en un marketplace, en su mayoría de origen asiático. Es muy difícil, a priori, saber si cumplen con todos los requisitos de homologación, como el marcado CE o el registro y autorización del Ministerio de Sanidad.

En cuanto al marcado CE, se trata de un sello que identifica a los productos que cumplen con las normas de seguridad de la UE. Una serie de fabricantes chinos, que veían que tenían difícil obtener esa certificación para sus productos o simplemente no querían gastarse dinero en ello, se inventaron una marca casi idéntica, que no significa «Conformidad Europea» sino «China Export».

Dado que en la práctica son indistiguibles, se considera ese marcado como una falsificación. Obviamente, los fabricantes chinos afirman lo contrario.

Para estar seguros, tienes que pedir al fabricante o vendedor la ficha técnica del producto, donde incluirá las normativas que cumple, su número de registro CE y la autorización para su uso como biocida, a través del número de registro en el Ministerio de Sanidad. Si no te pueden proporcionar esos datos no compres nada, porque cualquier inspección sanitaria en tu establecimiento te prohibirá usarlos.

Verificar todo esto no es fácil y lleva tiempo. Si hasta se la han colado a los gobiernos de media Europa con las mascarillas y los tests, imagínate si te la pueden colar a ti. Para evitarlo, lo mejor es que compres sólo a proveedores especializados y con garantías, no a empresas «fantasma» que han surgido de la nada «como el agua que cae del cielo cuando llueve y nadie sabe muy bien por qué» que dijo alguien del que un súbito fallo de memoria me impide recordar el nombre. Es decir, recurre a productos de venta en farmacias, distribuidores de material sanitario y especialistas en desinfección industrial. 

¿Y los geles desinfectantes?

En cuanto a los geles desinfectantes de aplicación directa sobre la piel,  si especifican que son biocidas, desinfectantes o germicidas tienen que tener una autorización de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios y por tanto un número de registro del tipo AEMPS-XXXX-DS. Si sólo dicen que son «higiénicos» significa que no han tenido que pasar por un proceso de verificación tan estricto, y que se consideran un cosmético (es decir, que no te hace daño pero que no tiene por qué cumplir lo que promete).

Por tanto, si vas a comprar gel desinfectante para tenerlo a disposición del público, asegúrate de comprarlo en un establecimiento que te proporcione la ficha técnica del producto.

 

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