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La idea de coleccionar objetos siempre ha estado presente entre nosotros. Incluso podríamos decir que es uno de los pasatiempos más comunes en el mundo. Pueden ser monedas, tarjetas de deportistas, o álbumes como aquellos de los mundiales de fútbol de Panini. Asimismo, con un enfoque algo más refinado están las colecciones de arte, las cuales se basan especialmente en la exclusividad.

Por lo mismo las personas suelen gastar enormes cantidades de dinero en la adquisición de piezas de artes u objetos únicos que agregar a su colección. Pero… si el objetivo principal de una colección es mantener la exclusividad de una pieza, ¿cómo se puede aplicar en un entorno digital? Por lo general, los productos digitales están al alcance de todo el mundo y pueden ser copiados, por lo que se pierde su carácter exclusivo. Sin embargo, los NFTS, o tokens no fungibles, son una nueva tendencia que da un giro a este problema.

Qué son los NFTs

Los tokens no fungibles son bienes únicos pertenecientes al entorno digital y por lo tanto no poseen una forma física, es decir, no son tangibles. Un NFT no puede ser intercambiado por otro igual, o ser utilizado como medio de cambio para otro activo.

Dicho esto, los NFTs son activos únicos que representan a una pieza digital, pudiendo ser cualquier tipo de contenido en internet, generalmente audiovisual. Por ejemplo, Jack Dorsey, fundador de Twitter, ha puesto en subasta el primer tweet jamás escrito, con pujas de hasta 2.5 millones de dólares, algo más de 2 millones de euros.

Partiendo del ejemplo de este tweet, es más fácil entender cómo funcionan estos coleccionables digitales en comparación con la posesión de las piezas en la vida real. Al adquirir un NFT este representaría más bien un certificado de propiedad sobre un contenido específico, que la pieza en sí misma.

Ahora bien, uno de los problemas para agregar valor coleccionable a contenidos digitales es la facilidad con que estos pueden ser copiados, perdiendo su exclusividad. Esta nueva tendencia ofrece como solución a este problema el uso de la tecnología de blockchain, que ya conocemos por las criptomonedas, como Bitcoin o Ethereum. Con esto, la posibilidad de copiar o generar fraudes sobre un NFT se ven increíblemente reducidas, pues la información acerca de la propiedad de cada una de ellas se guarda a nivel mundial en miles de ordenadores.

Una nueva forma de coleccionar

Hablábamos de las tarjetas de deportistas como foco para los coleccionistas, y en este orden ya existe un mercado sólido para su parte digital. Por ejemplo, Sorare es un sitio web donde se juega en ligas fantásticas, un juego en el que se crean equipos a partir de jugadores reales y se generan puntos según el rendimiento de dichos jugadores en sus respectivos equipos. Lo que en España conocemos como Comunio o, para los más mayores 😉 Liga Fantástica Marca.

Los jugadores en esta web son representados por tarjetas, las cuales tienen distintos grados de exclusividad, o escasez como se muestra en la página. Estos grados van desde las básicas blancas sin límite de unidades, hasta las tarjetas únicas, de las que solo existen una por jugador de un color dorado y negro. Las cartas de valor se subastan dentro de la web, que se desarrolló sobre la blockchain de Ethereum, una criptomoneda, y alcanzan precios exorbitantes. Un caso particular ha sido la tarjeta única de Cristiano Ronaldo, que se vendió el pasado 14 de marzo por poco más de 240.000 euros.

https://twitter.com/SorareHQ/status/1371076627900338178

Por su parte, esta nueva tendencia también cuenta con el apoyo de grandes nombre en el mundo tecnológico como es el caso de Elon Musk. El CEO de Tesla siempre ha demostrado su entusiasmo sobre el mundo de las criptomonedas, promoviéndolas en sus redes sociales. Incluso su empresa realizó recientemente una inversión de 1,5 millones de dólares en la compra de Bitcoins, categorizándola como una inversión a futuro.

Pero ahora ha dado un paso más allá en este ámbito, anunciando la creación de una canción sobre las NFT, que dijo vendería a su vez como una NFT. Esto lo publicó en su cuenta personal de Twitter este 15 de marzo. Sin embargo, al día siguiente dio a entender que ya no la vendería diciendo “En realidad. No se siente bien vender esto”.

La otra cara de la moneda de esta tecnología

Por otra parte, si bien hay quienes apoyan estas nuevas iniciativas también hay muchos factores que se ponen en su contra, y muestran este mercado y el de las criptomonedas como un peligro tanto económico como ambiental. Desde un principio el uso de las criptomonedas se dio con la intención de crear un formato más seguro para las transacciones en la web y, tal vez, en un futuro una alternativa a las monedas convencionales. Sin embargo, un halo de duda que siempre ha rondado a las criptomonedas es su valoración.

Algo que de igual forma afecta a las NFTs, ya que al carecer del activo físico es algo difícil justificar el valor que se ha pagado por esto. Ya que, como tal no se posee la imagen, tweet, o canción a la que está ligada la NFT, sino un certificado de propiedad sobre ella. Algo que realmente no permite disfrutar en un carácter exclusivo del contenido adquirido.

De igual forma que pasa con las criptomonedas, estos coleccionables se encuentran dentro de una burbuja y tienen una fuerte tendencia a la especulación. Por lo tanto, el valor de las piezas se podría ver sujeto a las variaciones del mercado, que pueden llegar a ser extremas como fue el caso de la bajada en las criptomonedas en 2018. Asimismo existe la preocupación sobre los derechos de autor y su manejo con las NFTs. Esto partiendo del punto que cualquier usuario podría realizar una copia de una pieza digital y generar un NFT sobre ella, sin ser su autor.

Una opción poco ambientalista

Desde otro punto de vista el costo de estos coleccionables va más allá del ámbito económico, y afecta al medio ambiente. Al estar construido sobre la misma tecnología blockchain que las criptomonedas, las NFTs significan un increíble coste energético, en base a la energía necesaria para mantener en funcionamiento la tecnología que garantiza su exclusividad, grandes centros repletos de procesadores trabajando sin parar.

Lo más preocupante según los estudios es que la mayoría de las fuentes usadas para el mantenimiento de este sistema están basadas en combustible fósil. Esto implica una producción masiva de los gases tóxicos que afectan el medio ambiente, así como una demanda constante de la producción de combustibles. En una era marcada por la preocupación ambiental, esto se muestra como un paso atrás y podría significar problemas a futuro para la sostenibilidad de estas tecnologías.

Imagen: Depositphotos

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