Hasta hace veinte años, más o menos, el proceso para conseguir la concesión de un préstamo estaba perfectamente estandarizado. Un cliente, con la angustia propia del momento, se armaba de valor para dirigirse a la sucursal más próxima de su entidad financiera favorita (en aquella época, ¡incluso existían las cajas de ahorro!), sentarse frente al director de la oficina y someterse a un concienzudo interrogatorio. En el mejor de los casos, el proceso de concesión del préstamo podía alargarse días… e incluso semanas.
Para tratar de dar servicio a las personas que tenían necesidades de conseguir dinero fácil para cubrir gastos urgentes, poco a poco fueron apareciendo entidades de préstamos rápidos que se anunciaban a través de programas de televisión (preferentemente matutinos),y que se podían contratar por teléfono. Toda una revolución que hizo que este modelo de negocio se popularizase rápidamente. Llegados a este punto, era cuestión de esperar a que una nueva tecnología impulsase aún más su contratación. Entonces llegó el ADSL y la mejora y abaratamiento (más o menos) de la conexión a Internet, y los préstamos rápidos online se expandieron definitivamente.
De hecho, la expansión del sector de los préstamos rápidos online ha sido tan increíble, que incluso las grandes entidades financieras se han visto obligadas (al menos algunas de ellas) a contraatacar, creando divisiones especializadas en este tipo de productos. En cualquier caso, a día de hoy, existen decenas de empresas que han nacido por y para los préstamos rápidos.
Evidentemente los préstamos rápidos online no son la solución ideal para cubrir las necesidades financieras de todo el mundo, pero sí que cuentan con grandes ventajas que sus clientes valoran, y que han impulsado su crecimiento:
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