Por favor, señores, dejen de consumir mujeres (reales y ficticias)

La IA crea influencers virtuales, abriendo debates éticos sobre explotación y percepción de la mujer en la era digital.
21 de marzo, de 2024
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La creación de «influencers» virtuales a través de Inteligencia Artificial, como Claudia, Aitana o Natalia Novak, es un claro ejemplo de cómo utilizar la IA para hacer el mal. A primera vista, parece algo sacado de una película de ciencia ficción, pero cuando te pones a pensar y a analizar, hay temas bastante serios que nos deberían hacer reflexionar.

Primero, la realidad es que las empresas que están detrás de estas creaciones digitales están haciendo dinero, y no poco, vendiendo la imagen de estos personajes virtuales a través de plataformas como OnlyFans y similares. Además, estoy harta de ver cómo los medios de comunicación hacen eco de cómo estas «influencers» con miles de seguidores hacen campañas reales en sus redes sociales cuando es mentira. Lo único que hacen es ganar dinero en este tipo de plataformas y se puede ver haciendo clic en el enlace de su biografía.

Esto nos lleva al meollo del asunto: la explotación de la imagen de la mujer. Esto no es algo nuevo, ya he hablado de ello en otras ocasiones. Nos enfrentamos a una nueva era de explotación sexual de la mujer exacerbada por el internet y la IA. Desde tecnologías que «desnuda» mujeres hasta la venta de imágenes de mujeres irreales y desproporcionadas como «arte», estas prácticas modernas de abuso no son sino una continuación de la misoginia histórica. La objetivación resultante no solo es un problema virtual; tiene impactos reales y perjudiciales en la vida cotidiana de las mujeres, reforzando estereotipos dañinos y perpetuando la desigualdad entre sexos.

La IA, sin duda, tiene el potencial de cambiar el mundo para mejor y de ayudarnos en muchas cosas, pero cuando se utiliza para fines como este, nos hace cuestionar hacia dónde vamos. Estos avatares pueden influir en cómo vemos la realidad, cómo interactuamos en las redes y, lo que es más grave, cómo percibimos a las mujeres y a nosotras mismas en este nuevo escenario digital.

En resumen, este tema abre un intenso debate sobre los aspectos éticos, tecnológicos y sociales. La capacidad de la inteligencia artificial es, sin duda, fascinante, pero es imperativo emplearla de forma que aporte beneficios colectivos, evitando este tipo de acciones que alteran nuestra comprensión de la realidad y afectan a la salud mental. Por favor, señores, dejen de consumir mujeres (reales y ficticias) porque si hay demanda, siempre habrá oferta.

 

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