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Algo pasa en el mundo de los youtubers españoles.

En los últimos meses no ganan para escándalos y polémicas. Las dos últimas, en orden cronológico:

  • La de Sergio Soler, MrGranBombaaunque a partir de ahora se le conocerá por ‘caranchoa gracias al sopapo que recibió en un vídeo presuntamente divertido en el que insulta a un repartidor de forma más o menos disimulada, algo que presuntamente es gracioso (lo de insultar a la gente en su cara)
  •  La polémica entrevista de Jorge Cremades, uno de los youtubers españoles de moda, en el que, parafraseando a Les Luthiers, micciona fuera del recipiente con unas declaraciones en las que afirma que “hay más violaciones a hombres que a mujeres”, entre otras perlas con un tufo machista o abiertamente misógino. Muy edificante todo.

Estos dos son los últimos casos, pero no los únicos: otros muchos youtubers españoles que arrasan entre el público adolescente se han visto envueltos en polémicas e incluso han tenido que retirar vídeos debido a la polvareda que han levantado por decir lo primero que les viene a la cabeza. 

Pero no nos engañemos: Si están ahí, es porque los vemos y nos hacen gracia.

Es cierto que Cremades no suele hablar en sus vídeos (se limita a poner caras) y que nos pone delante de un espejo en el que vemos muchas situaciones cotidianas en la relación entre hombres y mujeres. Pero en su caso, ni es un adolescente ni se dirige a público adolescente.

Se podría argumentar que lo que hace es poner de manifiesto la inseguridad masculina ante un rol activo de la mujer para el que muchos hombres no han sido capaces de adaptarse todavía. Pero ay, cuando habla es cuando la lía parda y desarma él solito ese argumento. Algo similar pasa con muchos otros youtubers españoles. Con algunos, no intentes comprender el sentido del vídeo si tienes más de 16 años. 

Youtubers españoles: ¿todo vale con tal de tener audiencia?

Los youtubers se han convertido en una categoría en sí misma: no todo el que publica vídeos o tiene un videoblog es un youtuber. Si tienen una característica común, es que sus vídeos son, por decirlo suavemente, nada políticamente correctos y que se supone que buscan hacer gracia.

El problema, como casi siempre, es el dinero. Sus vídeos conectan con un público muy amplio al que le gusta el lenguaje y las bromas que hacen, y esa audiencia genera mucho dinero en publicidad. En los casos de los youtubers ‘top’, hablamos de cientos de miles o millones de euros anuales. Un caramelo demasiado dulce y tremendamente adictivo. Hace no mucho, le pregunté al hijo de una amiga (9 años) qué quería ser de mayor, y contestó sin vacilar: “Youtuber”. 

Se ha extendido la idea de que ser youtuber es un chollo que te permite ser millonario haciendo uno o dos vídeos a la semana. Y eso es cierto… en muy pocos casos. Hacen falta millones de visitas a cada vídeo que publicas para poder vivir de ello. Si no, puede ser un complemento de ingresos, pero nada más. 

El “todo vale por la audiencia” no es nuevo. Llevamos décadas viéndolo en programas de televisión. No debería extrañarnos que se extienda a Youtube, el mayor canal de televisión de la historia. Sin entrar en consideraciones éticas o morales (la ética es individual, la moral es colectiva), es evidente que los youtubers españoles (y los de fuera) son un gran negocio que, a día de hoy, mueve miles de millones anuales a nivel global.

Negocio para ellos mismos, que no sólo ingresan dinero por la publicidad insertada, sino también por la ropa que llevan, el móvil que usan o los videojuegos de los que hablan. Negocio para Alphabet, que obtiene pingües beneficios por la publicidad, y negocio para las marcas, que tienen un soporte publicitario con el que llegar a segmentos de población a los que ya no les interesa la televisión. 

La complicada relación entre los youtubers españoles y las marcas

Para las marcas, cualquier cosa que genere audiencia masiva es, en principio, atractiva. El problema es cómo controlar los contenidos para que tu marca no aparezca vinculada con contenidos misóginos, racistas, insultantes o cargados de violencia verbal.

Los youtubers ‘top’ lo han visto claro y se han puesto en manos de agencias de marketing, que no sólo se encargan de su relación con los anunciantes, sino que imponen cierto control sobre lo que es aceptable y lo que no en un vídeo. Eso sí, lo han hecho después de llevarse más de una zurra en redes sociales por ser un pelín bocachanclas (lo de “un pelín” es una forma suave de decirlo).

A las marcas les interesa la publicidad, pero por encima de ello no les interesa arruinar su reputación asociándose con contenidos incompatibles con los valores que pretenden vender. 

El caso Nestlé

Hemos visto ya varios casos de youtubers españoles que tenían un contrato para ser imagen de una marca y que han sido fulminantemente despedidos tras sacar los pies del tiesto. El caso del youtuber JPelirrojo alegrándose por la muerte de un torero desató una campaña de boicot a la marca en las redes sociales, curiosamente apoyada tanto por los que estaban de acuerdo con él como por los que no lo estaban.

¿Quién pierde? Nestlé, que sin comerlo ni beberlo se encontró con una crisis de reputación  en internet (la enésima en el caso de esta compañía, que parece ser algo gafe en sus acciones online), algo que hoy en día es mentar la bicha para cualquier responsable de marketing online.

Es posible que, de escándalo en escándalo, muchos yotubers españoles acaben matando la gallina de los huevos de oro: su propia ambición por ganar audiencia gritando más fuerte o siendo más bestia que nadie puede generar rechazo en las marcas. No hacia el canal en sí, que sin duda es eficaz, sino a aquellos que, teniendo mucha audiencia, no se “profesionalicen” poniéndose en manos de agencias. Pero en ese caso perderán frescura y sus contenidos sonarán a “prefabricados”.

Ascenso y caída de un youtuber tipo: la justinbieberización

Los youtubers españoles se enfrentan a la “justinbieberización”. Si se hacen mayores, algo inexorable, el público adolescente les abandona, porque si algo es voluble en esta vida son esos sacos de hormonas en ebullición. Si maduran y dejar de decir/hacer animaladas, también les abandonan, porque sus contenidos son de consumo rápido, de usar y tirar como las canciones del susodicho.

Ninguno de ellos puede instalarse en una fama que es tan efímera como la de los concursantes de un talent show. En ese sentido, son como los futbolistas; si saben administrarse y no hacen locuras pueden durar años, pero todos tienen fecha de caducidad. A no ser que tengan verdadero talento como showmen (o showwomen) y sean capaces de reciclarse. Algo que, en la mayoría de los casos, parece poco probable.

Dicho lo anterior y tal y como está el patio, también puede suceder que nos encontremos dentro de unos años con un youtuber leyendo su discurso de ingreso en la Real Academia. Cosas más raras se han visto, incluso en la misma Real Academia. 

¿Te interesa el mundo de los youtubers españoles? ¡Repasa con nosotros el Top 50 de los youtubers más seguidos de España!

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