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Fiel a la tradición de presentaciones-espectáculo que ellos iniciaron y que el resto de marcas de tecnología han imitado, Apple presentó en su keynote de ayer sus novedades para este temporada. Suena a lenguaje de pasarela de moda, pero es que el mercado de los dispositivos móviles y la tecnología cada vez parece más al de las tendencias de moda. Y si hay una empresa que marque las tendencias, ésa es Apple. Ayer lo volvieron a hacer con su última criatura, el iPad Pro, que fue de lejos el gran protagonista de la keynote.

Apple sabía que tenía que hacer algo con el iPad, que había perdido mucho fuelle en el mercado en los últimos meses, y la respuesta ha sido el iPad Pro. Es decir, lo ha hecho más grande (casi 13 pulgadas), más potente (procesador A9x, capaz de mover con soltura aplicaciones tan exigentes como el AutoCAD) y le ha añadido un pen (o sea, un lápiz). Lo del pen ya está trayendo cola, pues es una traición clara al espíritu de Steve Jobs. Recordemos sus palabras de 2010: “¿Quién quiere un stylus?” Pues ahora es Apple el que lo quiere.



 

El iPad Pro precio es una apuesta por quitarse al portátil de en medio… ¿o no?

Si Apple hace o no los mejores dispositivos del mercado es cuestión de gustos. Desde luego, hace los más caros. El iPad Pro sale al mercado con un precio de 799 dólares (Nota: Si Apple los usa, es que el viejísimo truco de los ‘precios psicológicos’ sigue funcionando) en la versión más básica de 30 GB, La marca de Cupertino presenta el iPad Pro como un dispositivo más orientado al trabajo y el uso profesional.

Y lo hace porque el iPad tradicional estaba flojeando mucho en ventas, a pesar de seguir siendo líder indiscutible en su segmento. Sin embargo, no es una apuesta original.  Microsoft hace tiempo que tiene una tablet Surface Pro en el mercado que básicamente es el mismo concepto, y otros fabricantes lo han intentado antes con híbridos entre PC y tablet. Todos ellos han quedado por debajo de sus expectativas, cuando no han sido rotundos fracasos. Sólo el Surface Pro ha conseguido remontar sus ventas, pero sin llegar a convertirse en un producto mainstream.

Además, Apple apuesta por el iPad Pro compitiendo, entre otros, consigo misma. No olvidemos que los portátiles MacBook siempre fueron una de las joyas de la corona de la compañía. Como sucedió con el iPhone y el iPod, Saturno devora a sus hijos.

el iPad Pro devorando al MacBook

el iPad Pro devorando al MacBook

Sin embargo, ¿puede realmente el iPad Pro sustituir completamente al portátil como herramienta de trabajo?. A la vista de los resultados del iPad “normal” hasta ahora, no. Lo que sí puede conseguir es ser una segunda pantalla de trabajo, ya que pesa menos y es más fácil de transportar que cualquier portátil, con el permiso de los propios MacBook.  Además, hay muchas resistencias en entornos laborales a introducir cambios que no estén muy contrastados y que permitan una operatividad al 100%. En este sentido, hay algunos elementos que habría que tener en cuenta:

  • Almacenamiento: 30 Gb en la versión básica parece claramente insuficiente para un uso profesional. Para eso habría que ir al iPad Pro de 128 Gb, que ya tiene un precio de 1079 dólares con conexión móvil LTE, y sigue siendo una capacidad bastante corta. Puede alegarse que para eso existen almacenamientos externos  y en la nube, aunque muchos profesionales los usan meramente como backup. Personalmente, yo quiero tener mis ficheros importantes conmigo.
  • Agilidad de escritura: Escribir documentos en un iPad es definitivamente más engorroso, incluso con el mini-teclado que puede comprarse como accesorio. Habrá que ver como se comporta un iPad más grande. En cualquier caso, Apple se cura en salud y ofrece como accesorio un teclado-funda, eso sí, por un precio astronómico. Hasta ahora, todos los intentos en este campo (Microsoft, Asus, etc) no han cubierto expectativas. Pero Apple es mucho Apple…
  • Exclusividad: Los ejecutivos también tienen su corazoncito. Puede suceder que el iPad Pro se convierta en un producto aspiracional que sea un indicador de status en el mundo de los negocios. Ya pasó con el iPhone, que barrió del mercado a la BlackBerry, hasta ese momento referencia en el ámbito profesional.
  • Conservadurismo: Las empresas suelen ser conservadoras a la hora de adoptar tecnología. Más si ésta es cara. El iPad Pro debe demostrar que es realmente eficaz a la hora de aumentar la productividad para ser capaz de introducirse en el mundo de la empresa. Y, salvo sectores concretos, en las empresas la norma es Windows. No obstante, en la keynote Microsoft presentó una versión de Office pensada para el iPad Pro. Si no puedes con tu enemigo, únete a él, debieron pensar tanto Apple como Microsoft. ¿Quién se ha rendido ante quién?
  • Aplicaciones. El iPad Pro funciona con iOS, no con OS X, que es el sistema operativo de los Mac. Esto deja bastante claro que la apuesta de Apple es complementar sin sustituir. Las herramientas de trabajo tradicionales deben ser desarrolladas para este sistema operativo y adaptadas a las posibilidades del iPad Pro, vía app móvil, lo cual depende de que los desarrolladores consideren que merece la pena hacerlo. Aunque las empresas mudan cada vez más de sus servicios al entorno web, muchas aplicaciones de escritorio no tienen un equivalente en app móvil que tenga todas sus funciones. Hasta ahora las aplicaciones móviles suelen ser versiones light de las herramientas de trabajo más importantes, por lo que la llegada del iPad Pro abre un nuevo campo de desarrollo. Está por ver si realmente cumple lo que promete y si es posible “encajar” en poco espacio aplicaciones en ámbitos técnicos que son muy exigentes con los dispositivos, tanto en rendimiento como en capacidad. Ante esto, Apple asegura que su iPad Pro supera en rendimiento al 80% de los portátiles del mercado. No obstante, en el campo de la gestión de documentos (que supone la gran mayoría del trabajo de una empresa) el iPad Pro no debería tener ningún problema.
  • Ergonomía. La clave del uso de las tablets es la posibilidad de sujetarlas con una sola mano. En la keynote Apple insistió en mostrar imágenes de personas haciendo esto con el iPad Pro. Pero pesa alrededor de un kilo, lo que hace ciertamente incómodo sujetarlo con una sola mano durante mucho tiempo. Desde luego, es ideal para trabajar (apoyado en una mesa y presumiblemente con teclado) en entornos fuera de la oficina, pero no resiste la comparación con un portátil en este aspecto si pensamos en entornos laborales de oficina.

En definitiva, el iPad Pro dudosamente va a sustituir a los portátiles, sino más bien es un complemento de éstos. Puede ser muy útil para mostrar un proyecto o un catálogo a un cliente en una pantalla más grande, para trabajar durante periodos cortos fuera de tu mesa habitual (Idea: ¿Acabará sacando alguien una mesa de trabajo que sea “todo pantalla”?) o para trabajos en los que la movilidad sea clave (logística, trabajo de campo) pero no tiene vocación de ser la herramienta principal de trabajo.

Lo que sí es cierto es que en determinados nichos de mercado (diseñadores gráficos, periodistas, artistas, etc.) el iPad Pro puede hacer mucho daño al MacBook, sobre todo en sus versiones más básicas. Sin embargo, no parece que esté llamado a ser un dispositivo de masas como el iPad.

El lanzamiento de cualquier producto de Apple despierta una oleada de entusiasmo en el mundo digital. Es el gran mérito de la marca de la manzana. Nadie (salvo Apple) ha conseguido que cada presentación de sus nuevos productos sea portada de todos los medios de comunicación, especializados o no. Nadie consigue ni de lejos que se hable en las redes sociales de ellos tanto como se habla de Apple. Lo que se decide en Cupertino condiciona todo el mercado online, tanto en dispositivos como en aplicaciones y marca la tendencia que los otros fabricantes siguen. Es más simple para Samsung o Sony ver cómo le va a Apple con un nuevo producto antes de lanzarse a sacar su versión.

Posiblemente el iPad Pro también abra una puerta que hasta ahora sólo estaba entreabierta. Habrá que esperar y ver si la apuesta les sale bien. Apple es especialista en triunfar donde otros fracasaron antes, veremos si éste es el mismo caso.

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