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GPT-3, la nueva versión de la API de OpenAI, nos acerca cada vez más a lo que hasta hace poco podríamos considerar como ciencia ficción. Y es que desde que la empresa californiana anunció, en junio de este año, la salida de su versión beta, no ha hecho más que generar revuelo y expectación.

Muchos usuarios de twitter no sabían si los artículos o twist que leían habían sido obra humana o de un programa informático.

En 1953, el escritor inglés Roald Dahl, publicaba un pequeño relato llamado El Gran Gramatizador Automático.

En este, Adolph, un brillante ingeniero frustrado de una importante compañía, crea una máquina que permite escribir relatos con el argumento y el estilo deseado. Según cuenta, 5.000 palabras tan solo en 30 segundos. Con esta invención, él y su jefe, el señor Bolhen, pretenden copar el mercado en las mejores revistas literarias y ganar mucho dinero.

Hasta hace muy poco esto era algo reservado a la ciencia ficción.

Pero…

¿Qué pensaría Dahl si viese los avances que el deep learning y el procesamiento del lenguaje natural (NLP) ha tenido en los últimos años?

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¿Qué es el GPT-3?

GPT-3 es un modelo de lenguaje natural que permite generar textos automáticos de cualquier tipo, desde poesía hasta jurídicos, economía o política. En muchas ocasiones, no es fácil distinguir el su resultado con el que tendría una persona de carne y hueso.

Pero, ¡que no solamente se asusten los redactores! Esta nueva tecnología también realiza cálculos, escribe tablaturas para guitarra o responde preguntas complejas, sin que, de antemano, se le haya adiestrado para ello.

Incluso podría prepararse para redactar código en varios tipos de lenguaje informático como JavaScript o HTML, traducir de uno a otro o desde el lenguaje natural al informático.

Váyanse preparando ¡Aquí hay para todos!

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Ya la salida de GPT-2, su versión anterior, causó revuelo al ser catalogado por sus creadores como peligroso de ser utilizado para fines poco éticos.

Su potencial de generar grandes cantidades de texto en cuestión de segundos hacía posible su utilización para creación de noticias falsas, aumento de la desinformación, etc. Aunque, al cabo de unos meses, y diciendo que quizá habían exagerado un poco, decidieron sacarlo al mercado.

Pero es que GPT3 no es solo un poquito más potente; mientras GPT-1 y GPT-2 funcionaban con 110 millones y 1.500 millones de parámetros respectivamente, GPT-3 funciona, nada más y nada menos, que con 175.000 millones.

Este nuevo modelo ha absorbido más de 400.000 millones de textos presentes en la red. Es entonces a través de estos textos y conocimientos que, GPT-3, es capaz generar relatos o ensayos coherentes y predecir el sentido del texto en base a ciertos datos.

Pero, a diferencia de lo que podríamos imaginar, esta tecnología no lee la información como nosotros, de izquierda a derecha de la frase, ni, como en otros países, de derecha a izquierda, de abajo a arriba o de arriba abajo. Sino que podríamos decir que lee todo de un plumazo y al instante, en apenas segundos.

¡Ay, si hubiésemos podido leer así todas las lecciones del colegio!

No es que esta tecnología entienda lo que lee o escribe en el sentido humano del término, sino que, por decirlo así, es capaz de generar coherencia y acertar en base a una serie de parámetros matemáticos basados en la ingente cantidad de información absorbida.

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Pero, ¿es realmente tan increíble?

Como sus propios creadores afirman, esta tecnología está lejos de funcionar perfectamente. Aún comete errores, y en ocasiones presenta incoherencias.

Además, al basarse en textos y material creado por personas humanas a lo largo de la historia de internet hace que asimile muchos de los sesgos y prejuicios. Se han dado ejemplos en los que incluso GPT-3 responde de forma racista o sexista a ciertas cuestiones.

Sin embargo, el hecho de que sea capaz de realizar acciones concretas en el procesamiento del lenguaje natural, sin que se le haya entrenado específicamente para ello, supone un paso importante en inteligencia artificial.

A la vista de los acelerados avances que se están dando en este campo, en los próximos años nos veremos sin duda obligados a replantearnos nuestra forma de entender e interactuar con el mundo que nos rodea, sobre todo con la tecnología.

En el cuento de Roald Dahl, la máquina de escribir relatos de Adolph tenía aspecto de cuadro de mando de un avión. Con pulsar una serie de botones o palancas se preseleccionaba el argumento o el estilo, la categoría, el tema, los personajes o el léxico. ¿Quién nos asegura en unos años que un artículo como este no haya sido escrito con botones y palancas por el prolífico autor llamado GPT-X?

 

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