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Se acerca la fecha, los motores de los eurofans se calientan y se preparan para el gran acontecimiento. Llega con la primavera, un año más, como la flor de los almendros, como los capullitos de alhelí, como las golondrinas, e igual de evocadoramente cursi que todas ellas: Eurovisión. El concurso que nos hace verdaderamente europeos. Nada ha hecho más por la identidad de Europa desde la Segunda Guerra Mundial que el festival de Eurovisión. 

El festival más kitsch (de los que siguen vivos, el festival de la OTI le ganaba de largo, pero sólo los más ancianos y sabios de vosotros lo recordarán, little grasshoppers)  de la historia de la televisión es, probablemente, uno de los fenómenos más curiosos que ha producido la llegada de las redes sociales. A finales de los 90, después de más de 30 años de andadura, Eurovisión languidecía en las audiencias y era cosa de unos pocos y locamente desmelenados fans, mayoritariamente masculinos (no me preguntéis por qué, hay cosas que es mejor llevarse a la tumba) que mantenían viva la llama eurovisiva.

Y de los países del Este, fundamentalmente las repúblicas ex-soviéticas, que se tomaban el acontecimiento como lo más parecido a unos Juegos Olímpicos que iban a tener ocasión de oler en su vida. Cayó el Muro de Berlín, y la primera referencia cultural que les llegó del Oeste de las libertades fue Eurovisión (bueno, y los pelos cardados ochenteros, algo en lo que los estilistas de Uzbekistán y sitios así parecen haber quedado permanentemente anclados, a la espera de un Llongueras que, cual Jesucristo capilar, les redima de sus pecados). En los países occidentales lo de Eurovisión era visto como algo del pasado. Pero si algo tiene el pasado es que siempre vuelve.

Y en esto llegó Facebook. Y, sobre todo, Twitter. Y luego los hipsters. Y si algo fascina a los hipsters es lo retro y además, contracultural. Y nada más retro y contracultural que Eurovisión. Los españoles, que en esto somos pioneros, llegamos antes aún, con Operación Triunfo. ¿Quién no se sentó ante el televisor a ver a nuestra Rosa de España, acompañada en el escenario por los triunfitos, cual Mamá Pitufa con sus pitufines, cantando lo contentos que estábamos (recalco: estábamos) de ser europeos?

La segunda vida de Eurovisión: De lo nostálgico a lo global

Las redes sociales han convertido a Eurovisión en un fenómeno global. El día del concurso (y los de las semifinales, en las que España no participa porque ahí sí somos pata negra, vieja Europa de la de verdad) no es que Eurovisión sea trending topic, sino que simplemente cualquier otro tema de conversación queda eclipsado por el festival de festivales. Hasta el punto de que los estadounidenses nos miran con envidia. Eurovisión es, sin lugar a dudas, la Superbowl de Europa.

Confesadlo: Lo divertido de Eurovisión es ver las actuaciones al tiempo que lees lo que se escribe en Twitter. Que, fundamentalmente, consiste en despellejar de forma inmisericorde a la mayoría de los participantes.

 Y no es que de repente todos saquemos a la Cruella de Vil que llevamos dentro, que también, es que muchos de los participantes se lo ganan a pulso. Bueno, más bien sus estilistas y asesores de imagen. Por los fastuosos y megatecnológicos escenarios de Eurovisión desfila de todo: desde patinaje artístico hasta clones de Abba, pasando por gnomos, un ventrílocuo irlandés con un pavo, una banda de trolls finlandeses salidos directamente de Mordor (¡y que además ganaron en 2007!) y numerosas versiones de cyborgs de diferente pelaje. O nuestro Chikilicuatre, un ejemplo de cómo llevar una broma demasiado lejos. Mis favoritos, a falta de ver lo que nos depara este año, son los ¿gnomos? moldavos de 2011:

Gnomos moldavos en Eurovisión

Gnomos moldavos acróbatas. Después de esto, ya puede llegar el Apocalipsis

Y, por supuesto los ucranianos de 2011…. ejem… los que iban vestidos de… bueno… de esto:

Ucranianos lisérgicos en Eurovisión

Acto de terrorismo estético perpetrado por Ucrania

Con todos estos ingredientes, el delirio en Twitter está servido. El año pasado se batieron todos los récords, llegando a publicarse más de 6 millones de tuits durante el festival, alcanzando de forma significativa a Estados Unidos y Australia:

Impacto de eurovisión en Twitter

Todo esto ha provocado que los candidatos hagan campaña en las redes sociales en los días previos al festival como si de una campaña electoral se tratase: el televoto tiene (se supone, porque luego siempre se votan los mismos países unos a otros) mucho peso a la hora de determinar el ganador, por lo que hay que currárselo desde días o semanas antes.

El gran día se acerca, y el pronto tendremos un aperitivo: se elegirá al representante español para este año. Sólo el hecho de ser finalistas para representar a España les ha catapultado a la fama: ya tienen decenas de miles de seguidores cada uno, y ya se comportan como estrellas, aunque algunos más que otros. Xuso Jones es el que tiene de largo más seguidores, pasando de los 200.000, pero si miras su lista, ¡ay! está llena de huevos. Los demás se mantienen en el entorno de los 20-30.000.

Os dejo con un tuit de cada uno de ellos. Todo muy convencional, todo muy programado, todo muy previsible…salvo Electric Nana. Gane o no, esta chica ya se ha ganado un lugar como tuitera, demostrando que no se toma estas cosas demasiado en serio, lo que hace que sea mucho menos artificial que sus compañeros, que caen sistemáticamente en los convencionalismos a lo Justin Bieber (alguno es casi un clon del susodicho) del tipo: qué grandes sois, somos una gran familia, os quiero a todos, os lo debo todo a vosotros… y ese tipo de cosas que pueden convertir en sopa el cerebro más resistente. No sé, nunca me imaginaría a Joaquín Sabina, o a Mick Jagger escribiendo en Twitter “somos una gran familia y os quiero a todos”. Que seas famoso no tiene por qué hacer que destiles merengue por todos tus poros.

Sea como sea, en Mayo será la gran final en Estocolmo. Seguro que hasta entonces la cosa da para algún otro post sobre el tema.

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