El pasado 14 de marzo de 2025, más de 90 empresas tecnológicas europeas firmaron una carta abierta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y a la vicepresidenta ejecutiva de Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen. En la misiva, las compañías, entre las que destacan Airbus, Dassault Systèmes, Siemens, OVHCloud, Murena, Nextcloud y Proton, instaron a la Unión Europea a tomar medidas urgentes para lograr la soberanía digital frente a la creciente dependencia de proveedores tecnológicos de China y Estados Unidos.
Los firmantes argumentan que, sin acciones concretas y decididas, en menos de tres años Europa será casi completamente dependiente de tecnologías no europeas en sectores estratégicos como la computación en la nube, la inteligencia artificial y la fabricación de chips. Para revertir esta situación, proponen una serie de medidas destinadas a fomentar la inversión en tecnologías locales y garantizar que las empresas europeas puedan competir en igualdad de condiciones con los gigantes tecnológicos estadounidenses y chinos.
Las tensiones geopolíticas han puesto en evidencia la vulnerabilidad de Europa en el ámbito digital. En la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, atacó duramente a Europa, dejando claro que la administración de Donald Trump está dispuesta a tomar decisiones unilaterales que podrían perjudicar al bloque.
Uno de los firmantes de la carta, Wolfgang Oels, director de operaciones de Ecosia, alertó sobre un escenario preocupante: “Imaginen una Europa sin búsquedas en internet, correo electrónico ni software de oficina. Significaría el colapso total de nuestra sociedad. ¿Suena irreal? Bueno, algo similar acaba de ocurrir en Ucrania”.
Oels hace referencia a las sanciones tecnológicas impuestas a Ucrania por parte de EE. UU., que bloquearon el acceso a servicios digitales vitales. Un caso similar en Europa pondría en jaque su economía y seguridad.
Uno de los puntos centrales de la carta es la creación de un fondo soberano de infraestructuras dedicado a impulsar la inversión en tecnologías clave para la autonomía digital de Europa. Según las empresas firmantes, este fondo debería contar con el respaldo de la Comisión Europea y los gobiernos nacionales, y centrarse en áreas como:
Este fondo serviría para financiar proyectos estratégicos que requieren grandes inversiones iniciales y ayudaría a que las empresas tecnológicas europeas puedan escalar sus operaciones sin necesidad de recurrir a inversiones extranjeras que puedan comprometer su independencia.
Además, el documento señala que otras potencias como Estados Unidos y China han implementado políticas agresivas de inversión en sus propias tecnologías. Europa, en cambio, ha dependido en gran medida del sector privado y de acuerdos comerciales con actores externos, lo que ha llevado a una falta de competitividad en los sectores mencionados.
Otra de las propuestas destacadas en la carta es la necesidad de adoptar una política de “comprar europeo” en las licitaciones públicas. Esta iniciativa no busca excluir a actores no europeos, sino garantizar que las empresas locales tengan una ventaja competitiva al momento de ofrecer sus soluciones tecnológicas a gobiernos e instituciones de la UE.
Según las compañías firmantes, en la actualidad muchas empresas europeas encuentran barreras para competir con gigantes tecnológicos estadounidenses que tienen acceso a mayores volúmenes de financiamiento y pueden ofrecer precios más bajos debido a economías de escala. Aplicar una política de compra local permitiría estimular la demanda de productos y servicios digitales europeos, fomentando la inversión en innovación y asegurando que los beneficios económicos se queden en la región.
Algunos de los beneficios de implementar una política pro compra europea serían la reducción de la dependencia de proveedores extranjeros, una mayor inversión en investigación y desarrollo en Europa, y el fortalecimiento del ecosistema tecnológico europeo, entre otras.
Esta estrategia ya ha sido aplicada en otros sectores dentro de la UE, como en la industria aeronáutica y el sector energético, donde los proyectos financiados con fondos europeos deben priorizar la contratación de empresas del continente.
El documento también resalta la importancia de desarrollar una infraestructura digital soberana que abarque tanto la capa física como la lógica. Esto significa que Europa debe trabajar en garantizar que sus chips, centros de datos, plataformas digitales y marcos de inteligencia artificial sean controlados por empresas europeas o, al menos, estén sujetos a normativas comunitarias.
Actualmente, muchas de las infraestructuras digitales que utilizan empresas y gobiernos europeos dependen de proveedores extranjeros, lo que genera preocupaciones sobre seguridad, privacidad de los datos y resiliencia tecnológica. Para abordar estos desafíos, las empresas firmantes recomiendan fomentar la creación de alternativas europeas a los gigantes tecnológicos, invertir en la expansión de centros de datos locales para reducir la dependencia de la nube estadounidense, y desarrollar estándares europeos de ciberseguridad para proteger la infraestructura crítica.
Un ejemplo de este enfoque es el proyecto EuroStack, una iniciativa que busca unificar y fortalecer la infraestructura digital soberana de Europa. Su objetivo es consolidar una alternativa competitiva a las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas en sectores como IA, fabricación de chips, computación en la nube e infraestructura de almacenamiento y conectividad.
El informe sobre EuroStack, publicado en enero de 2025 y coescrito por la economista Cristina Caffarra, propone que Europa adopte un enfoque coordinado para desarrollar sus propias soluciones tecnológicas. Para ello, plantea un modelo basado en estándares abiertos y cooperación entre empresas para crear una base tecnológica robusta y escalable.
La carta también advierte que, aunque la UE ha intentado fortalecer su soberanía digital mediante regulaciones como la Ley de Mercados Digitales (DMA), estas medidas no son suficientes si no van acompañadas de incentivos reales para las empresas europeas.
Según Andy Yen, fundador de Proton -empresa suiza especializada en privacidad y seguridad en internet-, la regulación por sí sola no resolverá el problema: “Un año después de la introducción del DMA, nada ha cambiado sustancialmente. La cuota de mercado de las grandes tecnológicas en Europa sigue siendo la misma. Necesitamos medidas más radicales”, aseguró Yen.
Para impulsar la innovación local, los firmantes proponen que la UE adopte incentivos financieros para que empresas y startups opten por soluciones europeas. Además, pide que se refuerce la normativa sobre almacenamiento de datos para evitar que empresas europeas dependan de servicios extranjeros y que se fomente el código abierto y la interoperabilidad como base de la soberanía digital.
Otra de las estrategias mencionadas en la carta es la adopción de un enfoque de “agrupación y federación”, en el que las empresas europeas trabajen en conjunto para competir con los gigantes tecnológicos estadounidenses.
Esto implicaría la creación de estándares comunes y plataformas compartidas, facilitando la interoperabilidad entre diferentes proveedores europeos y asegurando que las soluciones sean viables a gran escala.
Un ejemplo de esta estrategia es la especificación API SECA, lanzada recientemente para permitir la integración fluida de servicios en la nube entre diferentes proveedores europeos.
Foto: Grok
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