Cuando abres tu bandeja de entrada, ¿cuántos de los correos crees que los escribió una persona sentada frente a una pantalla, pensando en ti? Probablemente muy pocos y, ¿cuántos de esos email crees que son de campañas de marketing automatizado?
Muchos. Muchísimos.
Un análisis reciente de Hostinger de mil millones de correos procesados a principios de este año arroja un dato que da que pensar: solo el 13% del tráfico global de email lo generan personas; el 87% restante es generado por sistemas automatizados.
Quizá esto explique por qué últimamente sientes que tu bandeja de entrada está llena de cosas que no siempre recuerdas haber pedido recibir.
Según los datos del estudio, las herramientas empresariales y plataformas SaaS acaparan más del 21% del tráfico automatizado (actualizaciones de cuenta, recordatorios de tareas, notificaciones de carrito y pedidos, alertas de inicio de sesión, recordatorios de contraseña, códigos de verificación…), las plataformas de marketing y newsletters otro 16%, y las redes sociales (con sus notificaciones de “alguien comentó tu foto”) suman otro 15%.
Si lo piensas bien, casi todo lo que llega hoy a tu correo tiene un “disparador” automático, mientras que los correos escritos por “personas de verdad” representan menos del 30% de lo que recibes y apenas el 13% sigue siendo comunicación humana directa.
Pero de todos esos correos que se envían una gran parte ni siquiera llega a la bandeja principal. Más del 56% son bloqueados antes de llegar al destinatario porque por los sistemas de seguridad o filtrados los detectan como sospechosos, inseguros o simplemente irrelevantes y los eliminan en silencio.
Esto convierte al email en algo curioso: sigue siendo uno de los canales más usados del mundo pero también uno de los más saturados y vigilados.
Tal y como explican en el estudio “Incluso entre los correos que merecen llegar a la bandeja de entrada, muy pocos fueron escritos por personas reales. Solo dos categorías —proveedores de correo electrónico personales y remitentes de bajo volumen— suelen implicar que alguien escriba y envíe el mensaje. En conjunto, representan menos del 30 % del correo recibido, lo que equivale a apenas el 13% del tráfico total de correo electrónico. Casi todo lo demás proviene de sistemas automatizados que envían notificaciones, recordatorios, promociones, resúmenes y alertas”.
Y no es solo spam inofensivo lo que se bloquea. Más de un tercio de los correos detenidos corresponden a intentos de phishing, fraudes o mensajes con malware. Casi otro 22% son campañas de email marketing automatizado que los propios sistemas detectan como problemáticas y agresivas al no aportar un valor real para el usuario.
Aquí es donde la cosa se pone interesante para cualquier negocio que dependa del correo para comunicarse con sus clientes. La saturación está pasando factura de tres formas muy concretas:
Esto cambia completamente la lógica del email marketing, porque ya no basta con automatizar campañas en masa; de hecho, ese enfoque puede ser parte del problema y el esfuerzo e inversión de esa campaña quedan bastante en entredicho.
Lo que funciona ahora son los correos vinculados a acciones reales. Un mensaje que llega justo después de que hiciste una compra, que confirma tu reserva, que responde a algo que tú iniciaste. Ese tipo de correo sí se abre, sí se lee; porque tiene contexto y relevancia.
Incluso más empresas están empezando a repensar el email como una infraestructura crítica, apoyándose en herramientas de segmentación más inteligente y en sistemas de automatización más precisos con apoyo de inteligencia artificial para reducir el ruido en lugar de aumentarlo.
Las preguntas que deberían hacerse las empresas ya no son “¿cuántos correos enviamos esta semana?” o “¿Alguien abrió nuestro correo?” Las preguntas son más incómodas: “¿alguien quiere realmente recibir lo que estamos mandando? ¿Todavía quiere recibirlo?”.
El email marketing no está desapareciendo, sigue siendo central en la comunicación digital pero ha pasado de ser un canal de comunicación a ser parte de la infraestructura del ecosistema digital de las empresas, y el que sea automatizado tampoco es el problema. Como toda infraestructura, lo que importa no es el volumen, sino la calidad.
Imagen: Nano Banana 2
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