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Recientemente las grandes compañías  tecnológicas han presentado sus resultados del segundo trimestre de 2015, en los que Twitter sale de nuevo mal parada. Frente al crecimiento sostenido de Google, la entrada en beneficios (ya era hora) de Amazon o el crecimiento en facturación de Facebook (a pesar de que sus beneficios se resienten por el incremento de sus gastos), Twitter sigue anclada en las pérdidas que sólo consigue reducir muy levemente. El mercado está asumiendo que el modelo de negocio de Twitter no es rentable como negocio.

El pasado Junio el CEO de Twitter hasta entonces, Dick Costolo, abandonó el cargo aunque permaneció en el equipo directivo de la compañía, siendo sustituido de forma provisional por el fundador de Twitter, Jack Dorsey, mientras se busca un nuevo líder para la compañía (Dorsey ha manifestado que su interés no es seguir dirigiendo Twitter). Tras este movimiento, la salida definitiva de Costolo de la compañía podría producirse antes de final de año. Renée James, actual presidenta de Intel, podría ser su sustituta, según se especula en el mercado, aunque la lista de candidatos es amplia.

El modelo de negocio de Twitter no es rentable. ¿No quiere o no puede?

Hace sólo dos años, Twitter protagonizó una sonada salida a Bolsa. Nada más empezar su cotización en el parqué neoyorquino, sus acciones (con precio de salida de 26 dólares) se dispararon por encima de los 50 dólares, con una capitalización bursátil de 31.000 millones. Hoy, las acciones de Twitter han perdido todo lo ganado y cotizan a 27 dólares. El desaliento cunde entre los inversores y ya es más que un rumor: no sólo el modelo de negocio de Twitter no es rentable, sino que no está nada claro que consiga serlo.

Cabalgar la ola del éxito de las compañías de Internet es complicado (relativamente, sus fundadores ya se han convertido en multimillonarios y ‘que les quiten lo bailao’) y el modelo de negocio de Twitter es una demostración palpable de que crecer en usuarios y popularidad no significa que la empresa gane dinero. El cementerio de las redes sociales y las empresas de tecnología está lleno de hermosísimos cadáveres que costaron a sus inversores cientos o miles de millones.

La cuestión es si Twitter va a ser capaz de desarrollar un modelo viable de negocio. Con  el aliento de los inversores en el cogote, los directivos de la compañía parecen estar tomándoselo todo con mucha calma. Twitter Ads, su herramienta de publicidad y principal fuente de ingresos, no está funcionando como se esperaba y la estrategia de cuentas de pago parece, de momento, descartada. Cambiar la estrategia publicitaria de Twitter no es fácil sin que la esencia de la red social se pierda. Pero las esencias, como bien sabe cualquier emprendedor en startups, nunca han dado de comer a nadie…

El pastel de la publicidad online no es tan grande

Aunque sigue creciendo, la publicidad online está cerca de ser un mercado maduro, si no lo es ya en muchos ámbitos como Estados Unidos. En un mercado mundial dominado por Google, que no cesa en su empeño de encontrar nuevas e imaginativas formas de meter publicidad en nuestras cabezas, el modelo de negocio de Twitter no ocupa el puesto que debería, dada la valoración de la compañía. Aunque sigue creciendo más de un 10% anual, la publicidad online crece cada vez más lentamente.

El mercado de la publicidad online está repartido entre un número de actores relativamente bajo, y Twitter tiene que hacerse su hueco a costa de quitar cuota de mercado a empresas como Facebook o Google que son mucho más grandes y potentes que ella. No lo va a tener fácil, sobre todo partiendo de una posición a la baja.

El modelo de negocio de Twitter: ¿carne de fusión?

Si la empresa quiere quitarse de encima el sambenito de “el modelo de negocio de Twitter no es rentable”, va a tener que cambiar muchas cosas y muy rápido. Los inversores quieren rentabilidad, tanto en beneficios como en subida del valor de las acciones. Y no están teniendo ninguna de las dos cosas. Y cuando su paciencia se agote, el modelo de negocio de Twitter será carne de fusión. Ahora mismo, con su valoración bursátil bajo mínimos, Twitter es muy vulnerable a cualquier intento de compra que sea tentador para los accionistas.

Y hay varias empresas con cash suficiente para comprarla sin despeinarse: Google, Apple, Microsoft o Facebook podrían caer en la tentación, así como cualquiera de los grandes grupos de comunicación y conglomerados empresariales que quieran poner una pica en internet.  Lo que está claro es que los inversores no esperan , y si el equipo directivo no hace algo y lo hace ya, los accionistas buscarán la rentabilidad en la venta de la compañía. Que eso sea bueno o malo para los usuarios es otra cuestión, todo depende de quién la compre si ese supuesto llega a hacerse realidad.

No es descartable que esa haya sido precisamente la estrategia de la compañía desde el principio. Quizá Twitter ha querido hacer lo mismo que muchísimas startups de internet (hacerse grande y esperar a que alguien la compre), en cuyo caso la primera parte le ha salido bien. El desinterés de Jack Dorsey por tomar el mando de su criatura (todo lo contrario que Zuckerberg en Facebook), podría ser un síntoma claro de por dónde van los tiros.

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