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Las redes sociales están que arden con la noticia. Essena O’Neill, una joven instagramer australiana de 18 años que se había convertido en toda una estrella en Instagram con más de 500.000 seguidores en esta red social, reconocía en un vídeo colgado en Youtube (que sólo ha durado unas horas, ya que la joven ha cerrado su canal) que todo lo que publicaba en Instagram sobre lo contenta que estaba con su estilo de vida y lo feliz que le hacía ser instagramer, vegana, megadelgada y estupenda, era una mentira y su vida no era tan maravillosa, sometida a la esclavitud de las dietas, los ejercicios y las poses fotográficas controladas desde los 15 años.

Analizamos el caso también en este vídeo:



Essena O’Neill asegura, además, que no va a apoyar nunca más a redes sociales que hacen miles de millones de euros promocionando ideas con las que ahora no está de acuerdo, afirmando que desde Instagram y otras redes se promocionan ideales “dañinos”.  Lo cuenta en este vídeo:



La instagramer Essena O’Neill: ¿tras los pasos de Miley Cyrus?

Es inevitable que se nos venga a la mente el caso de Miley Cyrus, que pasó de ser Hannah Montana, ídolo e icono mundial de adolescentes, a la irreverente y sexualmente provocativa pop star que hoy es. Vamos, que la chica vio que como Hanna Montana no daba más de sí y decidió hacer un movimiento pendular que la llevó al otro extremo, el de convertirse en un pendón desorej escándalo gratuito para promocionarse. Y no fue instagramer porque no estaba de moda, que si no…

miley cyrus

Miley Cyrus en plena pendulación

El caso de la australiana Essena O’Neill puede ser algo parecido. Sin poner en duda la buena voluntad de la joven, parece que ha llegado al punto de querer explotar económicamente su fama. Y qué mejor forma de hacerlo que crear polémica, en este caso en un viaje inverso al de Hannah Montana, para convertirse en una adalid de las causas solidarias y de paso promocionar su nueva web en la que pretende difundir ideas de una especie de new age basada en la honestidad y la dieta vegana. No sé a vosotros, pero a mí el tufillo a polémica prefabricada para explotar un filón nuevo me parece evidente. Pero ojo, puedo estar equivocado.

¿Son las redes sociales tan, tan, tan malas?

Las redes sociales no son más que herramientas de comunicación entre personas y entre comunidades. Como tal herramienta, Instagram no es peor éticamente que un destornillador. Vale, más de un asesino en serie ha usado el destornillador para matar a sus víctimas, pero eso no lo convierte en un arma asesina, del mismo modo que una tostadora no es un perverso electrodoméstico para provocarte cáncer (sí, el pan tostado TAMBIÉN es cancerígeno) ni la televisión se inventó para lavar cerebros. Por mucho que la ex instagramer Essena O’Neill quiera hacer creer a sus seguidores lo contrario.

Es una discusión recurrente que cada vez que aparece un medio nuevo de comunicación haya mucha gente que le eche la culpa de todos los males de la sociedad. Pasó con la radio, contra la que clamaba la prensa escrita, y qué decir de la televisión, ese perverso artefacto que asesinó la conversación en las familias. Siempre le echamos la culpa al mensajero de nuestros propios males.

El problema no está en que Instagram fuera tomada al asalto por una horda de instagramer hipsters que se dedicaban a compartir fotos de sus cafés de Starbucks. El problema está en las personas que les siguen porque les parece super cool tomarse un café que sabe a rayos en el equivalente al McDonald’s de las cafeterías, y que piensan que ser instagramer es lo más. Y de eso no tienen la culpa las redes sociales, sino la sociedad. Somos nosotros los que volcamos en las redes sociales lo que somos, y luego resulta que lo que somos no nos gusta.

Las redes sociales en particular e Internet en general no son más que aceleradores. Permiten hacer lo mismo que antes pero más rápido. El fenómeno del instagramer corre en paralelo al de youtuber. Mientas Instagram se ha convertido en el paraíso más fashion (con el permiso de Pinterest, claro) Youtube es el paraíso de los que gustan de decir animaladas como camiones, a los que me niego a mencionar aquí. Por cierto, ¿aún no seguís a Marketing4eCommerce en Youtube? 😉

Essena O’Neill culpa a las redes sociales de “promocionar ideas perniciosas” cuando ha sido ella, y los instagramers que son como ella, los apóstoles de la frivolidad, la delgadez extrema y la adicción a los likes y de retransmitir su vida las 24 horas, al más puro estilo Gran Hermano.

De momento Essena O’Neill ha borrado sus cuentas de Instagram y Youtube (ya se ha abierto otra en Vimeo, o sea que desengancharse de los vídeos, lo que se dice desengancharse no lo ha hecho) y jura que nunca volverá a ser instagramer. Además la chica está muy cabreada porque sus seguidores no se han pasado en masa al veganismo. La cultura de usar y tirar ha existido siempre, lo que sucede es que ahora la ascensión y caída ocurren más rápido.

Y a lo mejor, en lugar de culpar, tenemos que agradecerle eso a las redes sociales.

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