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La crisis global originada por la pandemia del CoVid-19 ha supuesto un duro impacto en las economías globales además de la grave alerta sanitaria. Esta situación ha generado amplios escenarios de incertidumbre donde todas las industrias han tenido que adaptarse y sufrirán, en muchos casos, cambios estructurales que permanecerán una vez pasada la ola de la pandemia. En este sentido, las instituciones educativas no han sido menos.

A nivel global y según datos de la Unesco, más de un 72% de los estudiantes matriculados han sufrido el impacto de esta pandemia y en más de 177 países se han cerrado las instituciones educativas por razones de salud pública. El cierre del sistema educativo se ha dado a todos los niveles desde educación infantil a educación superior, lo que ha supuesto una transición abrupta de la educación presencial a la educación en modo remoto.

Para el sistema de educación superior en muchos países esta pandemia ha supuesto una transformación digital forzosa y acelerada. Si bien la enseñanza online ha ganado algo de terreno en los últimos años, la mayoría de las universidades y escuelas de negocio todavía fundamentan sus programas formativos en formatos presenciales. Las instituciones educativas han reaccionado en lo que denominaría el “modo de emergencia”, digitalizando la actividad educativa en corto espacio de tiempo. Sin embargo, la realidad es que es necesario ser consciente de que los modelos educativos en formación superior se van a redefinir y es necesario hacerlo pasado el primer momento de la crisis.

Si tuviera que resumir qué aspectos son clave para la educación superior en el contexto actual y futuro, condicionado por el distanciamiento social, me centraría en tres aspectos principalmente:

1. La importancia de diseños instruccionales adaptados a la formación en remoto

Una clase presencial en cuanto a diseño difiere totalmente de lo que supone una clase en remoto u online. Puede parecer obvio, pero en muchos casos este es el principal error que un instructor puede cometer, no es posible replicar lo que se hace en una clase presencial a online. 

¿A qué se debe? A varios motivos. 

En primer lugar, nuestra capacidad de atención en un contexto online es más limitada, ya que la atención que requiere estar constantemente mirando a una pantalla es más agotadora y menos estimulante que la clase presencial. De hecho, se ha acuñado el término “Zoom Fatigue”, en relación a la conocida herramienta de video conferencias, siendo este término una de las búsquedas más recurrentes en Google en marzo y abril. 

Además, la clase presencial permite un nivel de socialización y de comunicación no verbal con los estudiantes que en el ámbito online no es reproducible de la misma forma, lo cual requiere adaptar actividades y formas de comunicar más centradas en comunicación explicita que implícita.

En general, las sesiones en remoto para ser productivas necesitan ser más breves y el diseño instruccional en el ámbito online requerirá de una clara planificación de actividades síncronas (en tiempo real por medio de plataformas como Zoom, Google Meets o Skype por ejemplo) y asíncronas (en base a actividades, foros de discusión o tests) como parte del diseño para conseguir los objetivos de aprendizaje.

2. La importancia de la gestión emocional y la socialización en contextos remotos

En esta crisis las escuelas de negocio y universidades pasaron rápidamente al “modo de emergencia” en remoto para garantizar que las clases y actividades continuaban, sin duda una buena decisión. Sin embargo, la vida en las últimas semanas ha sido todo menos cotidiana. Esto ha requerido un esfuerzo no únicamente para adaptar contenidos y cursos al ámbito remoto, sino también para gestionar los estados emocionales de los alumnos que se han visto obligados a aprender a trabajar en remoto de un día para otro en muchos casos y se han enfrentado a un nivel de incertidumbre muy elevado. 

Si la comunicación con el alumno en la formación presencial es importante, en el caso que hemos vivido las últimas semanas se convierte en un aspecto vital. Comunicar más y mejor, y mostrar empatía hacia los estudiantes en su proceso de adaptación a la formación en remoto es clave. 

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Es importante además señalar que el aprendizaje es un hecho social y vivencial, y que por tanto las interacciones no sólo con el profesor, sino entre los propios alumnos son importantes. En formato presencial esta socialización del aprendizaje se produce de forma más natural, pero en caso del formato remoto hay que crear esos espacios de forma intencionada y convertirlos en parte del diseño curricular del curso. El ámbito digital permite el aprendizaje social por medio del uso de herramientas colaborativas: chats, foros, wikis…o simplemente el paquete de herramientas colaborativas de google (docs, sheets, sites) pueden facilitar el aprendizaje social y colaborativo en contextos remotos.

3. Un claro enfoque hacia la experiencia y el engagement del alumno

Por último, más allá de las herramientas que se utilicen en la formación en remoto, probablemente el aspecto más crítico es planificar el diseño instruccional teniendo presente la experiencia del alumno como elemento central en ese diseño. 

Aspectos que van desde la consideración de cuál es el aparato desde el que el alumno se va a poder conectar (no será lo mismo un ordenador portátil que un teléfono móvil), cómo y cuándo poner a disposición los diferentes elementos del curso en la plataforma que se utilice y el más fundamental, cómo mantener al alumno “enganchado” al curso, cuando la pantalla ofrece tantas otras distracciones.

Un buen diseño que utilice una variedad de recursos permitirá al alumno entender no sólo el contenido sino facilitar poder seguir el curso de forma sencilla, en base a unas claras instrucciones en la plataforma online de aprendizaje y a una estructura bien organizada. Los aspectos más teóricos pueden ser presentados de forma atractiva en vídeos cortos o “píldoras de aprendizaje” junto con alguna actividad que permita consolidar el conocimiento adquirido. Y las sesiones en vivo online pueden ser el elemento socializador que permita mantener el toque humano, la interacción y la participación en la época de la distancia social.

Lorena Blasco- Arcas es Associate Professor en Marketing Digital en ESCP Business School

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