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No es casualidad que la Covid-19 haya influido de forma determinante en el incremento del eCommerce en España. Un país acostumbrado a las relaciones personales presenciales y a los pagos en metálico ha tenido que adaptarse debido a los confinamientos. Esta adaptación a la nueva normalidad ha impulsado un cambio de hábitos y un aumento de las compras online. 

Esta realidad se demuestra con cifras: el eCommerce ha crecido un 36% en España durante el año 2020, el tercero de mayor crecimiento a nivel mundial, según eMarketer. Si lo comparamos con Europa, el crecimiento del comercio electrónico ha sido del 12,7% según recoge el informe Ecommerce Europe.

Este incremento en el eCommerce ha venido acompañado de nuevos métodos de pago como el BNPL (Buy Now, Pay Later, de sus siglas en inglés) un nuevo tipo de préstamo para los puntos de venta minoristas.

Exactamente, ¿qué son los BNPL?

Como indican las siglas en inglés, compra ahora y paga luego. El usuario puede empezar a disfrutar de sus compras online y aplazar el pago de las mismas. Este tipo de opción de pago la encuentra el usuario en la propia web de retailer a un interés del 0%. El usuario no pagará ningún interés ni sobrecoste siempre que acabe pagando a tiempo. “Este tipo de préstamos están financiados por los minoristas, que pagan un porcentaje a las empresas que ofrecen el servicio, ya que este tipo de financiación les sirve como acelerador de la venta», comenta Alexandre Dunaev, COO y cofundador de ID Finance, fintech española especializada en servicios financieros.

Estos nuevos servicios financieros están teniendo una gran aceptación, principalmente, entre los millennials ya que pueden acceder de forma rápida a compras. En Estados Unidos, país en donde está más extendido su uso, se estima que el 80% de las personas que recurren a estos pagos en diferido tienen entre 19 y 34 años. De los que usan este recurso, el 65% tiene ingresos anuales inferiores a los 50.000 dólares.

¿Cuáles son las diferencias principales entre los pagos BNPL y las tarjetas de crédito tradicionales?

En una tarjeta de crédito la entidad financiera adelanta dinero al cliente (crédito) y éste debe liquidarse al comienzo del mes siguiente, en una fecha previamente establecida. Este crédito puede devolverse a plazos pero pagando unos intereses. Es el cliente quien debe hacer frente a dichos intereses. En cambio, con los pagos BNPL el cliente no paga ningún interés por aplazar el pago de sus compras. Es el retailer quien asume parte del coste de este aplazamiento. Eso sí, en ambos casos, si el cliente no atiende a sus obligaciones de pago a tiempo debe pagar un comisiones por impago.

La mayor fintech europea dedicada a los préstamos aplazados es Klarna. La compañía sueca aterrizó en España a mediados de 2020 y opera en 17 países. En los comercios asociados, el cliente puede hacer sus compras con Klarna, lo que le permite tres alternativas: pagar en el momento, comprar y pagar al mes siguiente (como una tarjeta de crédito, pero sin intereses) o retrasar el pago 2 o 3 meses, según el país. También existen otras opciones como fraccionar pagos superiores entre 3 y 36 meses. En estos dos últimos casos, sí que puede haber intereses. Este modelo de negocio ha permitido a Klarna convertirse en una gigante fintech. Después de su última ronda de financiación en septiembre, la empresa está valorada en 10.600 millones de dólares.

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Las compañías que ofrecen estos servicios BNPL van en aumento. Por ejemplo, acaba de aterrizar en España la danesa Viabill, que ofrece hasta 4 cuotas sin intereses. Esta empresa ha crecido un 49% en 2019 y un 14% en 2020, cuenta con 153.000 usuarios, 4.400 tiendas asociadas y una cartera de préstamos por encima de los 58 millones de euros.

A su llegada a España tendrá que competir con algunas fintechs nacionales como son Sequra, Pagantis o Wizink. La primera es una pasarela de pagos con métodos de pago flexibles, como el BNPL, y se ha convertido en uno de los actores principales del sector en España. La segunda opera bajo la marca ‘Paga Más Tarde’ y permite las compras online en tiempo real, y, mediante el uso de tecnología, aprueba o no el aplazamiento del pago según la calidad crediticia del usuario.

Por su parte, el banco online Wizink compró en 2018 la fintech Aplazame para profundizar en el sector ecommerce, dando soluciones a usuarios y retailers. En este caso, Aplazame permite estructurar las cuotas de pago al cliente (hasta 36) en el mismo momento de la compra. La fintech recalcula en el momento cuál será la cuota final para el cliente y, en tan solo un clic, el usuario puede distribuir sus pagos aplazados en el tiempo.

Lo que queda claro es que el Buy Now Pay Later es la tendencia de pago que más crece en estos momentos. Según Worldpay 2020 Global Payments Report, “el pago aplazado es el método online que más crece en el mundo, con un ratio de crecimiento anual del 28% en los próximos 5 años”. Se espera que los servicios de aplazamiento de pagos representarán casi el 3% del gasto global de ecommerce en 2023.

Al final, es una opción que ayuda a los consumidores a fraccionar sus pagos, pero también es muy beneficioso para los retailers, ya que, en definitiva, se incrementa el gasto en sus comercios. Según Cardify.ai, un 48% de las personas consultadas aseguran que, gracias al aplazamiento de los pagos, pueden gastar entre un 10%-20% más.

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Sin embargo, como en toda tendencia hay que ser cauteloso y un abuso de una solución puede convertirse en un problema. En Reino Unido, ya se debate sobre la necesidad de regular este tipo de pagos aplazados. Existe una creciente preocupación por el incremento de la deuda al consumo en el país anglosajón. Se estima que 5 millones de británicos usaron este método de pago durante la pandemia.

El debate está servido, ya que los agentes regulatorios quieren proteger la figura del consumidor, mientras que retailers y fintech aseguran que el endeudamiento está dentro de los márgenes normales. Klarna asegura que la tasa de morosidad de sus clientes es inferior al 1% lo que estaría dentro de unos límites normales. “Vamos rumbo a un ecosistema donde reguladores, entidades bancarias y fintechs deberán cohabitar. La regulación es positiva ya que no solamente protege al consumidor sino a las propias empresas al generar un marco de actuación. Esto es beneficioso para todos”, indica Alexander Dunaev.

Imagen: Depositphotos

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