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La relación entre adolescentes y redes sociales hace correr ríos de tinta. Se les considera early adopters porque son fans de la tecnología y esclavos de las modas. Se apuntan a todo lo nuevo que sale, dicen por ahí, por su curiosidad innata. Desde mi punto de vista de casi, snif, cincuentón, eso no es del todo correcto.

Ser adolescente es duro.

Tienes toda la vida por delante, vale, pero eso (que para los adultos parece una bendición) para ellas y ellos es una losa de granito cargada a la espalda, porque tus padres, tus profes y la sociedad en general quieren que tomes decisiones que, eso te dicen, condicionarán el resto de tu vida al mismo tiempo que tú sientes la llamada de la selva causada por tener las hormonas a punto de nieve.

Tú quieres cambiar el mundo, es más, crees que cambiarás el mundo porque todavía no te has vuelto tan hipócrita como los adultos y te das cuenta de la realidad: el mundo no tiene sentido. No, los adolescentes no tienen un pelo de tontos, simplemente no han desarrollado todavía los filtros que los adultos nos ponemos delante de los ojos para no ver lo que no queremos ver. Ante la angustia vital de ser plenamente conscientes de que el mundo se va al garete, algunos reaccionan con idealismo militante y otros deciden que el filtro se lo van a poner ellos a base de fiesta (que cada uno defina el concepto «fiesta» como crea oportuno).  Y claro, cuando estás en esa tesitura, lo de ordenar tu habitación para que no parezca el escenario de un crimen no es lo más importante. Además, en la jungla de ser adolescente tienes que luchar para que los demás no te coman.

La historia de adolescentes y redes sociales es una historia de evasión. La realidad es tan asfixiante que necesitas salir de ella como sea y la tecnología te ofrece una salida. Algo que después los adultos imitamos y que no tiene nada de nuevo: ya pasó con los videojuegos, que hoy nadie en su sano juicio se atrevería a calificar de «cosas de chavales» y mucho antes con la televisión, así que ¿por qué no iba a suceder lo mismo con las redes sociales?.

Adolescentes y redes sociales: teenagers a la fuga

Si analizamos la relación entre adolescentes y redes sociales, vemos que desde el principio han sido bastante volubles: Facebook nació y creció gracias a ellos (nota: hablo de «adolescentes» en un sentido amplio, pongamos entre 12 y 25 años) y prácticamente todas las redes sociales han seguido el mismo patrón, que básicamente es el siguiente:

  1.  Se lanza al mercado una nueva red social
  2.  Los adolescentes se unen a ella masivamente
  3.  Sus padres quieren saber qué hacen sus hijos y se meten en la misma red
  4.  Esos mismos padres descubren que la red social mola y empiezan a utilizarla
  5.  Los adolescentes descubren horrorizados que no sólo sus padres, sino también sus tíos, primos, abuelos y los amigos de sus padres también están en la misma red social
  6.  Se produce una huida en masa de los adolescentes a una nueva red social minoritaria.

Adolescente que acaba de descubrir que su abuela le sigue en Instagram

Esto se lleva repitiendo en bucle desde el principio. La historia de los adolescentes y las redes sociales es una eterna carrera. Lo cual es bueno para quienes deciden crear una red social, pues saben que tienen un público ávido de encontrar un espacio donde no estén todavía metidos los adultos. Sucedió con Facebook (los adolescentes se fueron a Tuenti) y ha seguido un esquema similar a este: Facebook>Tuenti>Twitter>Instagram>Snapchat>Tiktok

Observaréis que no está Google+, que fue un fracaso tan morrocotudo que ni siquiera los adolescentes le hicieron caso, así como alguna otra que me habré saltado.

Historia de Google Plus: ascenso, (mínimo) auge y muerte anunciada de la red social del gigante online

Ellos y ellas estaban muy cómodos en TikTok… hasta que llegó el covid y se acabó la fiesta. TikTok creció como la espuma durante los meses de confinamiento, cuando millones de adultos aburridos descubrieron que esto de hacer vídeos cortos de coña mola. Y si les mola a los adultos, los adolescentes huyen despavoridos.

No hay nada peor si eres teenager que publicar algo en una red social y que tu padre o tu tío te dejen un like o, peor aún, un comentario. Corrijo, sí hay algo peor: que tus padres o tus abuelos hagan vídeos pretendidamente graciosos en TikTok. Como sabéis quienes tenéis hijos, «no tiene gracia» es la frase más repetida entre los 13 y los 20 años.

Forrest Gump tras descubrir un vídeo de coña de la tía Lizzie en Tiktok / via GIPHY

Por tanto, estamos en la fase de huida de TikTok. ¿Hacia dónde?

¿Dónde están los adolescentes ahora?

El que un servidor sea un poco raruno en las redes sociales (echadle un vistazo a mi Instagram o a mi Twitter, pero no el profesional, el otro… si lo encontráis) tiene sus ventajas. Entre ellas, que me entero de lo que hacen los veinteañeros porque me siguen (se ve que les resulto gracioso, a mi edad y con estas pintas) con lo que creo que no voy muy desencaminado si afirmo que se dan varios fenómenos cruzados:

Discord

Poco importa que tenga una interfaz terroríficamente viejuna (llamémosle ‘retro’) y tan amigable como una alcachofa. Discord es el nuevo hype para buena parte de los menores de 25.

Lo que empezó como un lugar donde comentar partidas de videojuegos en línea o encontrar colegas/rivales para jugar, se ha convertido en un refugio inexpugnable, o eso creen, debido a su curiosa estructura de «servidores» donde se entra por invitación y que tienen distintas salas de chat que recuerdan sospechosamente al IRC de los 90, donde además de compartir partidas en línea hay salas de videochat y se puede compartir la música que estás escuchando en, por ejemplo, Spotify, además de poder cargar una playlist de música y que un DJ automático la use para amenizar la cosa.

Por su estética retro de los 90 y por su estructura ideal para formar «tribus» con tus colegas, Discord está de moda. ¿Durará? Puesto que Microsoft está decidido a comprarla y probablemente integrarla con el ecosistema de Xbox, podría tener recorrido, pero me huelo que es un refugio temporal hasta que encuentren otro sitio.

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Twitch

Al igual que Discord, la plataforma de streaming de Amazon ha ganado muchos adeptos entre el público más joven. No en vano muchos de los youtubers más famosos han trasladado toda o parte de su actividad a Twitch. El hecho de contar con herramientas específicas para gamers que permiten la transmisión de partidas de videojuegos en vivo atrajo a mucho público joven al inicio, así como algo que no sucede en otras redes sociales: la gente enchufa el vídeo en directo y, básicamente, retransmite su vida por Twitch. Además no es fácil de usar (tiene mucho que recorrer hasta tener una interfaz tan simple como YouTube) lo que también es una barrera para el usuario acostumbrado a lo fácil (es decir, los padres).

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Twitter

Sí, se está produciendo una vuelta a los orígenes. La especialización de los usuarios de  Twitter en noticias inmediatas, política, humor  y en poner a caer de un burro a todo lo que se menea, ha dejado un hueco en esta red, que cada vez es más de nicho y menos de público general, que los adolescentes se están apresurando a llenar.

También ayuda mucho que Instagram se está poniendo muy, pero que muy conservadora a la hora de censurar contenido. Conservadora en plan pueblo perdido en el desierto de Utah. La larga mano de Facebook se nota y a los más jóvenes no les gusta nada, mientras que Twitter es, por el momento, mucho más permisivo con el contenido que se publica.

Sea como sea, el público teenager sigue siendo quien marca la tendencia en las redes sociales. Algo que no se escapa al olfato de las empresas que están detrás de esas redes. Cómo hagan para monetizarlas es otra cuestión, pero la historia de adolescentes y redes sociales continúa, a la espera de una nueva red en la que refugiarse.

Imagen: Depositphotos

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