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El diario El Mundo publicó recientemente una interesante reseña de una exitosa experiencia de eCommerce rural en China. Se trata de las aldeas Taobao, una iniciativa por la que numerosas aldeas están utilizando la red de eCommerce Taobao (propiedad de Alibaba) para vender sin intermediarios sus productos.

Aunque China ha abrazado el capitalismo, no lo ha hecho totalmente, y en el mundo rural sigue existiendo el sistema socialista de colectivización y planificación de la producción agrícola. Aunque el sistema de comunas agrarias ha ido desapareciendo, las familias productoras siguen trabajando bajo contrato con las autoridades locales que asignan a cada familia una cuota de producción planificada. La agricultura en un país tan enorme como China sigue siendo uno de sus pilares económicos, mayoritariamente dedicada al consumo interno en el mayor mercado del mundo.

¿Es el eCommerce rural exportable a España?

Rotundamente sí. El eCommerce rural, superadas ya las reticencias iniciales del consumidor a comprar por Internet, puede ser una de las grandes revoluciones en miles de pequeños pueblos y aldeas dedicados mayoritariamente a la agricultura y la ganadería. El canal de eCommerce crece a velocidad de crucero: 27% el segundo trimestre del pasado año, otro récord.

Una de las quejas más reiteradas por parte de los pequeños productores españoles, que ha llevado a numerosos conflictos con la gran distribución, como el sempiterno conflicto en Galicia por el precio de la leche, es el de los bajos precios que reciben por sus productos debido a la larga cadena de intermediarios entre el productor y el consumidor final. El motivo es bien sencillo: las grandes cadenas de distribución utlizan muchos de estos productos de consumo diario como “reclamos” para atraer a clientes a su tienda, vendiéndolos a precios artificialmente bajos. Pero como no están dispuestas a perder dinero por ello, lo que hacen es bajar el precio que pagan al productor.

Lo que hace pocos años era algo anecdótico y propio de productos ‘gourmet’ se está extendiendo cada vez más: son muchos los productores que, en solitario o agrupados en cooperativas, deciden invertir para envasar o transformar ellos mismos sus productos para eliminar alguno de los intermediarios de la cadena. Y dar el salto al eCommerce rural es un paso natural en ese proceso. Especialmente cuando la dimensión del mercado accesible a través del canal online no para de crecer y ya puede sostener económicamente un negocio 100% online.

Los jóvenes productores que poco a poco toman el relevo de sus padres en las explotaciones ya no tienen los prejuicios tecnológicos de sus progenitores. No tienen miedo de poner en marcha el eCommerce rural porque ellos ya son, si no nativos digitales, al menos usuarios habituales de tiendas online y de redes sociales. Te lo cuenta Rubén Bastón en este vídeo.



Abrir un eCommerce rural ya no es una aventura

Abrir un eCommerce rural (o no) es cada vez más sencillo. Puede ser más o menos bonito, más o menos trabajado, pero cualquiera sin conocimientos avanzados de programación puede hacerlo y tener su tienda operativa en cuestión de días. A esto podemos sumarle algunos factores que ayudan al desarrollo del eCommerce rural:

a) La creciente preocupación de los consumidores por conocer el origen y la composición de sus productos.

b) Los productos ‘orgánicos’ o ‘naturales’ están de moda,

c) Los costes logísticos son cada vez más bajos, y la capacidad de distribución de producto fresco es mayor al incrementarse el número de operadores y la cobertura geográfica de los mismos.

d) Existen ayudas para la creación de cooperativas de trabajo asociado.

e) El precio deja de estar en manos de la gran distribución y pasa a estar fijado por el mercado.

f) La eliminación de intermediarios aumenta significativamente los márgenes, lo que permite asumir mayores costes en distribución.

g) La recuperación económica permite que haya más consumidores dispuestos a pagar más por productos de alta calidad y de origen certificado.

Esto llevará (ya lo está haciendo) a una polarización cada vez mayor de la producción agrícola. Los grandes productores pueden soportar los precios bajos marcados por la gran distribución, abaratando los costes con la automatización y la ganadería y agricultura intensivas. Pero, por poner un ejemplo, los tomates ya no saben a tomate. Ni la leche a leche.

Uno de los sectores pioneros en el eCommerce rural es de los productores de tomates RAF de Almería, que llevan ya tiempo comercializando su producto por el canal online. Se trata de un producto ‘gourmet’ de alto valor añadido, por lo que han podido ser pioneros cuando los costes eran mucho más altos que ahora.

Pero los tiempos evolucionan endiabladamente rápido, y existe  un nicho de mercado creciente para los pequeños productores, que ya no necesitan buscar clientes en toda España para conseguir una masa crítica mínima que les permita gestionar su negocio a través del eCommerce rural.  Hoy, un pequeño productor que decida poner en marcha un eCommerce rural puede sacar al mercado buena parte de  su producción sólo con los entornos locales. Conozco muchos casos cercanos a donde vivo (cerca de Santiago de Compostela) en el que las pequeñas cooperativas sirven sus pedidos directamente al cliente con sus propios medios logísticos. No se harán ricos, pero tendrán unos ingresos más dignos que los que tenían hasta ahora.

Para el desarrollo pleno del eCommerce rural hará falta que los pequeños productores adquieran conocimientos de marketing online o se manejen bien en el entorno de las redes sociales, que son un campo abonado para ellos. Una gran empresa de alimentación despierta reticencias, mientras que una pequeña despierta simpatía. Y esto crea nuevas bolsas de empleo para los sufridos profesionales del marketing online, que quizá en un futuro no muy lejano ya no tengan que emigrar a las grandes urbes para tener clientes a los que asesorar.

En el campo hay mucho potencial de negocio por explotar. Y la tendencia es volver los ojos al campo. Si se quiere, se pueden poner en marcha muy buenas ideas. Pero el campo requiere de esfuerzo físico, está sometido a los imprevistos climatológicos, el proceso de aprendizaje es largo y poner a funcionar una explotación lleva tiempo. No es terreno abonado para una ‘startup’ especulativa. Aquí no habrá ‘venture capital’ que invierta, ni entradas ni salidas de accionistas, ni una gran empresa que nos compre. Quizá por eso se habla menos de ello.

Pero mejor que yo, que os lo cuente Marta Álvarez, una granjera de Lugo que puso en marcha una experiencia exitosa en un sector tan vapuleado como la producción láctea.Es uno de los proyectos favoritos, porque tiene muchos ingredientes: empoderamiento e independencia de las mujeres rurales,ecología, innovación combinada con tradición, darle una salida nueva a un sector antiguo… No es una experiencia de eCommerce en sí (aunque muchas tiendas online comercializan sus productos), pero ilustra cómo pensando diferente se pueden hacer cosas distintas. Y no creo que tarden demasiado en animarse al eCommerce rural.

El vídeo es un poco largo (18 minutos), pero realmente es una historia de superación que merece la pena. Y su decálogo debería estar colgado en las oficinas de muchas empresas.



Y no es la única. Cada vez más surgen empresas como ésta en entornos rurales. Su evolución natural es pasarse al eCommerce rural.

El principal impedimento a día de hoy es la dificultad de tener una buena conexión a internet en muchas zonas rurales, donde ni siquiera a través de las redes móviles se obtiene una velocidad mínima, y eso si es que hay cobertura.  Pero esto también está cambiando muy rápidamente. Es de esperar que las administraciones públicas se pongan las pilas para que estas iniciativas tengan la posibilidad de prosperar ayudando a fijar población en el rural y a que los pequeños pueblos y aldeas no desaparezcan conforme sus habitantes envejecen.

Los ingredientes para que el eCommerce rural funcione están encima de la mesa: sólo hay que amasarlos y meterlos en el horno. Seguro que las galletas que salen están buenísimas.

Y nos recordarán a las que hacían nuestras abuelas.

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