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¿Podrías pasar un día sin tu smartphone? Si es así, felicidades. Un 38% de adolescentes norteamericanos no podrían. Hoy en día, no es atípico que un adolescente esté usando su móvil en una comida familiar o en medio de una misa. Debemos preguntarnos si la creciente adicción a las redes sociales está mejorando nuestra comunicación o realmente está dañándola.

Para entender mejor los hábitos tecnológicos de esta generación,la plataforma de encuestas YouGov llevó a cabo un estudio entre adolescentes de entre 13 y 17 años, consiguiendo resultados preocupantes. Un 71% de los adolescentes respondieron que no se sentían capaces de pasar más de una semana sin su móvil. Los jóvenes de 16 años encabezan la lista, ya que un alarmante porcentaje de ellos (53%) no podría pasar más de un día sin su móvil.

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Este estudio también reveló que otras tecnologías, que pueden parecer esenciales a un adulto, están en declive. Quizás debido a las capacidades cada vez más amplias de los smartphones, que a estas alturas semejan un mini ordenador, los jóvenes dependen menos de sus ordenadores. Un 25% de los adolescentes se sienten capaces de pasar más de un mes sin un ordenador.

Ahora un móvil sirve para mandar emails de trabajo, hacer videollamadas con alguien en la otra punta del mundo, ver qué hacen tus amigos en todo momento, conocer gente nueva, comprar unos zapatos y que te lleguen a la puerta de casa en dos días… Ni siquiera es necesario ir al súper para hacer la compra. El futuro viene de la mano de los smartphones, pero debemos ser conscientes de las posibles consecuencias.

Es posible que la dependencia a los móviles esté causando estragos en la vida de los jóvenes. Un dato preocupante es que casi uno de cada cinco adolescentes preferiría hablar por sus amigos por videochat (FaceTime, Skype, Snapchat, Houseparty…) antes que quedar con ellos en persona. Este hábito fomenta el sedentarismo, ya que no es necesario moverse del sofá para hacer una video llamada.

Curiosamente, también se descubrió que muchos jóvenes se arreglan antes de hacer una videollamada: concretamente un 34% de las chicas y un 17% de los chicos se peinan o maquillan antes de un videochat. Este fenómeno refuerza los cánones de belleza falsos que se transmiten a través de las redes sociales frente a las interacciones reales donde te muestras tal y como eres.

Picture3A pesar de las nuevas tecnologías como el videochat, mandar mensajes sigue aumentando en popularidad. Puede que demasiado. Un 62% de los adolescentes admitieron haber estado mandando mensajes cuando deberían haber estado durmiendo, lo que demuestra que la dependencia tecnológica afecta negativamente la salud. Hay estudios que demuestran que usar el móvil o tablet por la noche hace que tardemos más en caer dormidos debido al efecto de la luz azul de la pantalla en nuestros ojos, y efectivamente un 42% de los jóvenes que formaron parte de la encuesta dice no dormir lo suficiente.

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Pasarse el día mandando mensajes también puede afectar el rendimiento académico, ya que un 46% de los adolescentes reconoce mandar mensajes en clase. A los ojos de muchos adolescentes no existe un momento o lugar inapropiado para hablar por WhatsApp o Mensajes: un 13% lo ha hecho en medio de una misa y un 39% en una cena familiar.

Estos datos demuestran lo mucho que la adicción a los smartphones está afectando la vida diaria de la mayoría de los jóvenes en nuestra sociedad. A menudo cuando un grupo de amigos se reúne se pasan la tarde hablando cada uno en su móvil, en vez de hablar entre ellos. Aunque los móviles nos acerquen a gente en la otra esquina del planeta, a veces nos alejan de quien está a nuestro lado.

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