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La noticia saltó a los medios de comunicación de todo el mundo. Mark Zuckerberg y su esposa Priscilla Chan han anunciado que donarán el 99% de sus acciones de Facebook a una fundación con fines filantrópicos que llevará el nombre de Chan Zuckerberg Initiative.

Esta donación, valorada en 45.000 millones de dólares al precio actual de las acciones de Facebook, es una de las  mayores donaciones jamás realizadas y se hará efectiva de forma gradual a lo largo de la vida de Mark Zuckerberg y su esposa. La decisión fue comunicada por ambos a través de Facebook (obviamente) coincidiendo con el anuncio del nacimiento el pasado jueves de la hija de la pareja, Max Chan.

Concretamente lo comunicaron a través de una emotiva carta dedicada a su hija recién nacida en la que afirman que su intención es “ayudar a construir un mundo mejor para todos”. Chan Zuckerberg Initiative ya fue fundada en 2009, y tiene como objetivo principal, según su página de Facebook, “avanzar en  el desarrollo del potencial humano y promover la igualdad en áreas como la salud, educación, investigación científica y energía.

No es la primera vez que Mark Zuckerberg realiza acciones filantrópicas. Ya ha realizado donaciones sustanciosas cifradas en más de 1.600 millones de dólares para la lucha contra el ébola y lidera, a través de su fundación, un proyecto para llevar conexión a Internet a los países y zonas más desfavorecidas del mundo.

Con este paso adelante, Mark Zuckerberg se une al club de los mayores filántropos del mundo, inspirándose sin duda en el camino ya recorrido por dos viejos conocidos suyos: Bill y Melinda Gates, con los que mantiene una estrecha relación y que anunciaron una donación similar hace unos años.

A diferencia de Bill Gates, Mark Zuckerberg no dejará de ser el CEO de Facebook, ya que la donación se realizará escalonadamente a un ritmo de alrededor de 1.000 millones de dólares anuales, con el objetivo de no perjudicar a los accionistas ni a los intereses de la compañía californiania. Desde luego, hay que felicitar a Mark Zuckerberg.

Su acción es loable y demuestra algo que él siempre ha dicho cuando se le ha preguntado: el dinero no es lo más importante. Sobre todo cuando te sale por las orejas y tienes resuelta tu vida y la de tus descendientes hasta la 10ª generación. Sea como sea, es un ejemplo que ya quisiéramos ver en los integrantes españoles de la lista Forbes, que ni de lejos se han planteado (por el momento) no ya hacer algo parecido, sino realizar donaciones que se acerquen a lo ya donado por Mark Zuckerberg. Toc, toc, ¿hay alguien ahí?

Qué ha hecho Mark Zuckerberg para acumular tanto dinero

Nacido en 1984 (ay, si George Orwell levantara la cabeza…) en una ciudad cercana a Nueva York, la ascensión meteórica de Mark Zuckerberg al olimpo de los megamillonarios comenzó cuando estaba estudiando en Harvard.

Allí puso en marcha Facemash, el antecesor de Facebook, un directorio de estudiantes de la Universidad en la que se podía calificar las fotos que más gustaban. Esto le creó problemas con la dirección de Harvard, que le acusó de acceder ilegalmente a los servidores y violar la privacidad de los estudiantes utilizando sus fotografías sin su permiso.

Vamos, que con el tema de la privacidad, el chico apuntaba maneras. Con la ayuda de sus compañeros de habitación (que posteriormente le acusaron de robarles la idea, como se cuenta en la película The social network, empezó a trabajar en un portal para conectar a los estudiantes, pero paralelamente desarrolló y acabó  acabó poniendo en marcha un portal llamado thefacebook.com cuyo objetivo era que los estudiantes de Harvard pudieran tener un espacio en el que intercambiar opiniones y experiencias.

Este portal se expandió rápidamente a todas las universidades de la Ivy League, momento en el que Zuckerberg decidió abandonar sus estudios. A partir de ahí la idea empieza a llamar la atención de gente como Sean Parker, fundador de Napster, que le ayudó a darle forma, eliminó el “the” para quedarse solamente en Facebook y en una de esas ironías de la vida, fue fulminantemente expulsado al año siguiente tras ser arrestado por posesión de cocaína.

Pero Facebook ya había cogido carrerilla y estaba listo para despegar. Hoy, con 1.400 millones de usuarios, Facebook es LA red social por excelencia. Se ha vaticinado su muerte decenas de veces. Han nacido, crecido y muerto redes sociales que estaban llamadas a ser “el nuevo Facebook”, mientras que la red social de Mark Zuckerberg se ha mantenido firme y ha conseguido lo que la mayoría no han sido capaces: generar ingresos. Todo gracias a unos principios claros:

Desde el principio Facebook se abrió a los desarrolladores externos.

Esto permitió el desarrollo de aplicaciones de terceros, sobre todo juegos. ¿A quién no le han invitado a jugar al Candy Crush, Mafia Wars o no ha recibido mensajes para unirse a las numerosas granjas de animalejos varios?

Facebook ha sabido evolucionar como ninguna otra red social. 

Desde los numerosos cambios en la gestión de la privacidad hasta el reciente botón de “Estoy bien” en caso de atentados o catástrofes, pasando por los nuevos emoticonos adicionales al “me gusta”, Facebook ha demostrado que es capaz de escuchar a sus usuarios y adaptarse a sus necesidades.

Facebook tiene masa crítica para ser rentable publicitariamente. 

Mark Zuckerberg ha demostrado que la monetización de Facebook le preocupa, por eso ha ido desarrollando diferentes formatos publicitarios y servicios para que las empresas puedan contactar con sus clientes, sistemas que otras grandes redes sociales como Twitter todavía tienen en pañales. Facebook se ha preocupado de hacer espacio para las empresas y de no permitirles romper la privacidad de sus usuarios, al menos sin el consentimiento de éstos.

Mark Zuckerberg tiene claro su objetivo. Ser la red social de referencia.

  Y eso es algo que los accionistas le agradecen. Su salida a bolsa fue todo un acontecimiento acogido con entusiasmo por el mercado. Sus acciones no han experimentado el derrumbe de otras sonadas salidas al mercado, y sus beneficios mejoran trimestre a trimestre.

Comprar WhatsApp o Instagram reforzó su posición en redes que, aunque no eran competencia directa, podían hacerle cosquillas y que hoy son vistas como servicios complementarios, pero no sustitutivos, de Facebook. Y todo gracias a un principio expresado por el propio Mark Zuckerberg: “Lo que importa no es qué queremos saber nosotros de la gente, sino qué quiere saber la gente sobre ella misma”.

Ni siquiera el todopoderoso Google ha podido plantarle cara a Mark Zuckerberg. Google+ es un rotundo fracaso, y cualquier startup que pretenda ser el “nuevo Facebook” a día de hoy despierta ataques de hilaridad en los posibles inversores, que se limitan a darle unas palmaditas en la espalda al desquiciado emprendedor al que se le ocurra semejante cosa, mientras piensan “pobrecillo, la de tortas que te vas a llevar”. Por supuesto, hay muchas cosas criticables en Facebook.

La gestión renqueante de la privacidad, el hecho de quedarse con derechos universales y permanentes sobre todo el contenido que publiques (si mañana ves tu cara en un anuncio de Coca-Cola, diciendo “a menganito le gusta” que sepas que has firmado un consentimiento para ello), su colaboración con el espionaje masivo de la NSA estadounidense, su excesivo puritanismo con el tema de las fotos (una madre amamantando a su hijo es una foto inmoral para Facebook, ¡sale una teta, Dios santo!) y muchas otras críticas que sin duda se le pueden hacer.

Pero eso no impide que Facebook forme parte de las vidas de la inmensa mayoría de los que leéis este post. Y eso debe ser por algo. Al final, este chico con pinta de nerd, con sus sudaderas y sus zapatillas de deporte se ha comido el mundo, y lo ha hecho sin ser “emprendedor en serie” ni otras chorrad cosas por el estilo. Tuvo (presuntamente) una idea, la idea era buena y siguió con ella hasta el final. No se planteó su negocio como “voy a crecer hasta que Google me quiera comprar” ni otras cosas que todavía están, por desgracia, en la mente de muchos.

Quería ganar dinero con su idea y que fuera un negocio rentable. Quizá esa sea la razón última de que se haya convertido en megamillonario. Sea como sea, su acto de filantropía le honra, y debemos aplaudirle por ello.

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