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Lisboa ha acogido la celebración de la Web Summit 2016, la mayor conferencia tecnológica del mundo. Con tan sólo 6 años de vida, este evento, originario de Dublin, se celebrará en Lisboa durante al menos los tres próximos años. A la cita, celebrada entre los días 7 y 10 de noviembre, acudieron 15.000 empresas de 165 países con el objeto de debatir sobre el futuro de las redes sociales, la programación o la inteligencia artificial, suponiendo un 15% más que la edición del año pasado.

En la decisión del traslado tenemos dos explicaciones, la oficial que aduce motivos tales como las abusivas tarifas de hoteles, los problemas de tráfico y WiFi y por otra parte, el discurso oficioso que gira en torno al dinero puesto encima de la mesa. Si el el Gobierno irlandés le pagó 700.000 euros en tres años por mantener la sede en Dublín, Portugal dará 3,9 millones por su sede en Lisboa hasta 2018.

Paddy Cosgrave, fundador y consejero delegado de la Web Summit explica la apuesta del gobierno portugués por el evento “quiere poner a Portugal en el mapa, ser un polo de atracción de inversión extranjera y convertirse en un centro de referencia a nivel europeo en innovación tecnológica”.

Brutal crecimiento del número de participantes en tan sólo 6 años

El crecimiento del evento desde el momento inicial es espectacular, multiplicándose por cien en el corto plazo de 6 años. Si la primera edición cabía en un hotel dublinés, esta edición ocupa el Parque de las Naciones de Lisboa. De aquellos 400 a los cerca de 50.000 de ahora. En Dublín comenzaron hablando una docena de bloggers y periodistas, ahora son inversores, visionarios, banqueros, empresarios y científicos lo que acuden; entre ellos representantes de empresas como Cisco (John Chambers), Tinder (Sean Rad), Renault (Carlos Ghosn) o Booking (Gillian Tans).

Dentro de la programación del evento hay hueco para rutas nocturnas por el Barrio alto lisboeta, tal y como afirma el creador de la conferencia entre copas también se firman acuerdos. “Lo que hacemos en Web Summit es conectar a la gente, facilitar el encuentro entre personas que tienen intereses comunes”, señala.

El cambio le ha sentado bien a las finanzas de la Web Summit, que vive sobre todo de vender entradas, espacios y tiempo en las tribunas de oradores, entre otras muchas y variadas fuentes de ingresos. Los precios son la diana de las críticas que con frecuencia recibe Cosgrave. La entrada para todo el evento cuesta 900 euros pero también cuenta con otra tarifa para jóvenes emprendedores  “Hemos dispuesto de 6.000 entradas para jóvenes a un precio de 9 euros, otros ni eso pues han sido seleccionados en las universidades para que asistan gratuitamente”.

Web Summit: un impacto económico de 200 millones de euros

El impacto económico es enorme en una ciudad. Según el Gobierno irlandés, la pasada edición dejó 100 millones de euros en Dublín, ahora, según Paula Oliveira, directora de Turismo de Lisboa, dejará 200 millones. El 90% de las plazas hoteleras de la Gran Lisboa están ocupadas, pese a que han doblado precios (de 73 euros a 163 de media); Airbnb ha triplicado reservas respecto a las mismas fechas del pasado año, en concreto a través de esta plataforma se hospedarán 15.000 personas; el metro duplicará su frecuencia, Uber estrena su servicio Carpool y, en Google, la segunda búsqueda más popular de Lisboa es ‘Web Summit’.

El éxito de la Web Summit pasa por no ser solo una convención exclusivamente enfocada en la tecnología y empresas digitales “Las primeras ediciones sí que eran exclusivamente tecnológicas “, recuerda Cosgrave, “pero ahora acuden directivos de bancos, de fabricantes de coches. La mitad de los asistentes trabajan en negocios tradicionales, pero quieren aprender cómo mejorar su negocio con la utilización de la tecnología”.

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