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¿Es la economía colaborativa una amenaza para el mercado tradicional? ¿Hasta qué punto hay que adaptarse a los nuevos tiempos y la nueva tecnología? El auge de las nuevas compañías que impulsan el trueque entre particulares ha puesto en alerta a los gobiernos de algunos países, quienes han decidido actuar contra ellos. El último afectado, Airbnb en Berlín.

El gobierno local de la capital alemana ha prohibido el uso de Airbnb, y de otras compañías similares como HomeAway o Windu, para el alquiler de apartamentos o casas completas a corto o largo plazo. Esto es, si queremos ir a Berlín con nuestra familia o amigos a pasar unos días y recurrimos a Airbnb como solución, no podremos alquilar un piso completo, aunque sí habitaciones en casa de un anfitrión (al menos de momento).

Contra Airbnb en Berlín: leyes impronunciables pero… ¿comprensibles?

El supercalifragilísticosespialidoso se queda corto comparado con el nombre de la ley que ampara esta prohibición:Zweckentfremdungsverbot“. Sí sí, no es ninguna broma, se llama así. El Gobierno de Berlín la aprobó en 2014 con el objetivo de frenar un problema de vivienda en la ciudad: muy poca oferta y alquileres muy altos, llegando los precios a incrementarse más de un 50% entre 2009 y 2014. Por ello, con esta ley se pretende regular el sector  y tal y como lo explica su responsable de desarrollo urbano, Andreas Geise: “es un instrumento sensato y necesario”.

Nadie podrá alquilar un apartamento completo sin el permiso explícito del ayuntamiento de la ciudad, que puede tardar hasta dos años en conceder la licencia turística de alquiler a los solicitantes. Y, para reforzar la medida, el gobierno local anima a los vecinos a denunciar de forma anónima si vieran algo “sospechoso” en su barrio. Los posibles infractores se enfrentarían a multas de hasta 100.000 euros.

Desde Airbnb en Berlín, la noticia no ha sentado demasiado bien. Berlín es un destino turístico importante a nivel mundial y afirman que, solo el año pasado, más de 20.000 berlineses dieron de alta su apartamento o habitación en la plataforma de alquileres. Sin embargo, tras la aprobación de la ley, solo 6.300 viviendas han solicitado el permiso que demanda el Ayuntamiento. Lo que según los datos que maneja el diario The Independent ya ha afectado a la compañía, puesto que el número de apartamentos en Berlín se ha visto reducido en un 40% desde la puesta en marcha de la normativa.

Madrid y Barcelona son precedentes en este tipo de leyes restrictivas

Ya son conocidos los casos de Uber y Blabacar, acusados de competencia desleal en algunas ciudades, como Madrid. Pero Airbnb también ha tenido problemas en ciudades como Madrid o Barcelona. La capital española se lleva la palma en restricciones: el que quiera ser “anfitrión” tiene que inscribir su casa en el registro de viviendas turísticas, con su consecuente subida en la declaración de la renta; además, no permite alquilar habitaciones individuales en una supuesta vivienda habitual, y también establece una estancia mínima del turista de cinco días en el alojamiento para que sea legal.

En Barcelona, aunque son menos restrictivos, sí que han multado a Airbnb por encontrar viviendas inscritas en su plataforma pero no en el registro de viviendas turísticas. En el lado opuesto, Francia o Reino Unido, son de las capitales europeas que mejor acogen esta nueva forma de turismo. Y es que, quieran o no algunos políticos y legisladores el futuro es la economía colaborativa. 

 

 

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